Sí, ya sé que es una tontería, él también lo sabe, pero no hay manera, aunque su cerebro le advierte: eso no. Ahí está él, obsesionado con lo que no es suyo. Después lo pasa mal, después el corazón se le quiebra, la voz se le enrosca en la garganta y las manos se cierran en el vacío.

¿Pero nadie le dijo a ese niño que no fuera tonto? ¿Nadie le enseñó a ver el mundo de las cosas reales?

No, y ahora el pobre, con todos esos años en las espaldas camina por las ciudades saboreando un helado mientras los ojos dan forma de mujer a sus ilusiones, no habla con nadie porque se reirían de él.

Sus pocos amigos están convencidos de que a él le gusta estar solo, que por propia decisión huye del amor… es una pena, los otros están ciegos y no ven que anda detrás del amor… aunque no sea suyo.