Costó tomar la decisión pero ahora, con ella en la mano, la vida es más sencilla, el reloj nos saluda mientras nuestras manos sostienen las maletas. Sabemos que debemos hacer una escala familiar, pero casi al instante nos damos cuenta de que no hace falta.

De pronto el reloj pareció enloquecer o nuestros cuerpos se dividieron, estamos donde queríamos estar sin usar los billetes y con las maletas en la mano. Estas cosas no hay quien las entienda.

Nuestro lado práctico examina la casa, prueba sus cimientos, los tejados, las ventanas, la cocina, el baño, la construcción parece muy sólida, aunque está incompleta, le falta algo de pintura, cristales, recubrimiento en algunas zonas, pero lo importante, su esqueleto es fuerte y de seguro aguantará muchos vendavales .

Nos sentimos felices, ese es nuestro hogar, una casa con cimientos fuertes a la que le faltan detalles, pero para eso estamos nosotros.

Sin embargo, ahora que caigo, ¿por qué hablo en plural, si estoy sola?