4 de Noviembre, 2013, 11:46: GladysAlaprima


A veces dedica días enteros a su inspección, reserva sus energías, se arregla como si fuera a una cita con el amor, se perfuma y sale luciendo feliz ese brillo cálido en sus ojos.

Antes de entrar respira profundo, se detiene con el pretexto de quitarse un guante o mirar el móvil o un aviso, solo para darse tiempo, para detener un poco más el encuentro.

Al final, cuando se le acaban los pretextos, empuja la puerta de cristal, recorre lentamente los pasillos mirando a lado y lado, buscando el lugar más apartado, más solitario, más silencioso; cuando lo logra, cuando encuentra su sitio, saca lentamente sus pequeños tesoros envueltos en paños de colores, se inclina como si le doliera un tobillo, deja los paños sobre el piso, asegurándose que no puedan ser vistos por los demás, se dedica entonces a ojear una revista y espera un poco.

Al cabo de cierto tiempo, abandona el lugar recogiendo los paños de allí, como si no hubiera pasado nada. Camina de vuelta a su casa. No se acuesta hasta que no revisa los planos de la ciudad y traza su plan para mañana.


Un poco antes de que cerraran la biblioteca, un niño se desprende de la mano de su madre, sale corriendo en busca de un objeto que brilla junto a las patas de una silla. Lo toma, se devuelve triunfante enseñándoselo a su madre. Mira mamá, es una L, me encontré una L. ¿Qué bonita no?


4 de Noviembre, 2013, 11:39: Gladysminirelatos


Su amor la dejó diciéndole que ella era de hielo. Al principio se lo creyó. Todo a su alrededor era frio, blanco, muro congelado en torno a su cuerpo, solo un agujero sobre su cabeza dejaba ver un infinito resplandor dorado, insinuando que más allá debería existir un sol, pero tan distante que sus rayos no lograban entibiarla.

Sin embargo ella se agita, al principio de forma lenta, como entumecidos todos los miembros de su cuerpo excepto sus pies que parecen tener una vida independiente, ellos se mueven ligeros a veces, recios otras, y ese movimiento va derritiendo el hielo bajo sus plantas hasta que se va formando un ligero charco de agua tibia que acaricia sus tobillos y le va insuflando calidez desentumiendo sus ganas de vivir y de ser feliz. La alegría la invade, es una pena que él ya no esté y no presencie el milagro de su descongelamiento.


4 de Noviembre, 2013, 11:35: Gladysminirelatos


Ahora que no estoy no sé que vas a hacer con tus ganas de hablar, no sé a quien mirarás por la ventana, ni a quien le susurrarás aquellas cosas que me hacían temblar. Caminarás por la calle lleno de pensamientos extraños, verás la ciudad con unos ojos que no son los míos, llenaras tus pupilas con atardeceres en los que ya no estaré yo, ni mi sombra, ni mi olor.

Ahora que estás sin mi, hay un espacio lleno de monstruos entre las calles, hay sombras, soles y estrellas devorados por el vacío ávido de las cosas concretas que nos mantenían unidos.

Ahora que no estamos hay un agujero negro alrededor de nosotros, una energía gravitacional que absorbe hasta el tuétano de los huesos y mientras tanto, nuestros ojos se miran sin poder explicar que fue lo que pasó, ni cuando se nos hundió el mundo delante de nuestros pies. Sonreiremos para que no se nos note la tristeza y miraremos para otro lado; los agujeros negros, es mejor ignorarlos.