Su amor la dejó diciéndole que ella era de hielo. Al principio se lo creyó. Todo a su alrededor era frio, blanco, muro congelado en torno a su cuerpo, solo un agujero sobre su cabeza dejaba ver un infinito resplandor dorado, insinuando que más allá debería existir un sol, pero tan distante que sus rayos no lograban entibiarla.

Sin embargo ella se agita, al principio de forma lenta, como entumecidos todos los miembros de su cuerpo excepto sus pies que parecen tener una vida independiente, ellos se mueven ligeros a veces, recios otras, y ese movimiento va derritiendo el hielo bajo sus plantas hasta que se va formando un ligero charco de agua tibia que acaricia sus tobillos y le va insuflando calidez desentumiendo sus ganas de vivir y de ser feliz. La alegría la invade, es una pena que él ya no esté y no presencie el milagro de su descongelamiento.