27 de Diciembre, 2013, 9:19: SelváticaHablando de...

         Ese es el título de una hermosa canción interpretada maravillosamente por Sole Giménez, es también la frase bandera que esgrimimos, durante estos días previos a las campanadas, a todo aquel que recordamos con cariño, es la frase que ponemos en los mensajes de texto, en los móviles y que enviamos a todo el mundo, incluso a aquellos que hace tiempo nos borraron de sus favoritos. Sabemos que ya nada será igual y sin embargo, como es año nuevo, nos atrevemos a llamar a esas puertas que se nos cerraron hace tiempo.

            Sí, ya estamos a punto de pasar la línea final, de dar el paso entre el 2013 y el 2014, pero este año, no sé por qué, se respira un aire diferente, quizás sean las noticias que nos llegan de todo el mundo, quizás la naturaleza esté cambiando, quizás seamos nosotros lo que pensamos de otra forma, el caso es que lo que antes producía una excitación maravillosa, un hormigueo en el estómago ante la perspectiva de 365 días por estrenar, 365 días desnudos, limpios, vacíos esperando nuestras manos, nuestros deseos, nuestras obras e ilusiones para ser llenados, se han convertido en un gran espejo que nos revela la misma imagen de siempre, y eso nos asusta un poco, no hemos cambiado; claro por supuesto que somos más viejos, unos ya no tienen pelo, otros tienen más arrugas o barriga o celulitis, así nos ven los demás, pero en nuestro interior sigue habitando el mismo ser de siempre, el de toda la vida, aquel que sigue soñando imposibles, aquel que comete los mismos errores una y otra vez, aquel que miente, que tiene miedo, que huye o aprieta los dientes para no hablar y también aquel que se atreve.

            Suena un poco a inquietud, porque nos preguntamos, cómo vamos a llenar ese año que se nos regala este 31 de diciembre, ¿usaremos la letra de siempre? ¿Tendremos las mismas faltas de ortografía, de redacción? Lo más probable es que si, que tengamos que seguir mirando con lupa lo que escribimos, lo que hacemos, lo que intentamos para evitar caer en los errores del pasado, pero sabemos también que por más cuidado, atención y sigilo que pongamos, habrá algún momento, algún día, algún minuto en que tropezaremos con la misma piedra y caeremos nuevamente.

            Sí, 2014 es un cuaderno con muchas páginas por llenar y nos gustaría escribir cosas nuevas, aventuras maravillosas, experiencias excitantes, nos encantaría que el papel se arrugara ante la intensidad de nuestros pensamientos o sentimientos, pero en el fondo nos sabemos frágiles. 2014 está a pocas horas de nosotros es inevitable, será como encontrarse con un amigo que hace tiempo no vemos, nos gustaría mostrarle nuestra mejor cara, pero en el fondo sabemos que eso no puede ser, no tenemos una mejor cara, tenemos la misma de siempre, por eso nos limitamos a susurrarle: a lo mejor para el año que viene lo bueno sucede.

Por: Ladypapa

Os esperamos el año que viene!!!

27 de Diciembre, 2013, 9:10: GladysGeneral

      En la esquina izquierda de la iglesia, entre las dos últimas columnas, sí, dónde está la anunciación, nació el rumor - quizá tuvo que ver aquel cuadro, el de la anunciación, vaya usted a saber, perdóneme por ser tan escéptica, es lo que tiene haber nacido en la capital, así que en estas cosas, prefiero limitarme a lo que escucho, sin exponer mi cerebro a juicio, como le pasó a la pobre.

      Ella era muy guapa, parecía feliz con su marido y los hijos, incluso hasta nietos - ya sabe - por aquí se suelen quedar embarazadas muy jóvenes. Eso lo dice mi cerebro - el muy entrometido - Lo importante es que ella después de que los hijos se fueron de casa, no quiso quedarse a cuidar de los nietos, o bueno, los cuidaba en la mañana, pero los días son largos y fríos, así que empezó a colaborar en la iglesia. Ayudaba en la misa de las cinco y de las siete, luego se quedaba limpiar y a brillar los ornamentos de la iglesia. Unos meses más tarde se sumó al voluntariado, dedicaba unas horas del fin de semana a la preparación de los niños para la primera comunión, luego las ceremonias de mayo, después las del Corpus… por aquí aún tenemos fiestas sagradas todo el año. 

      Al principio su marido se sentía feliz de que ella saliera, de que hiciera cosas en vez de quedarse encerrada en casa, incluso esperaba feliz la jubilación para dedicarse por entero a compartir el tiempo de vida que les quedaba con su esposa, los hijos y los nietos. Todo parecía normal, los días se sucedían con calma en el barrio, la gente se entregaba a sus quehaceres y se preocupaba por los chismes callejeros y las telenovelas, como siempre; pero los chismes callejeros suelen ser armas de doble filo.

     Una tarde, ella estaba esperando que llegara el cura a abrir la puerta de la iglesia, se encontró con una amiga del colegio y por matar el tiempo se fueron a la cafetería de la esquina a contarse sus cosas mientras se comían la empanada - las hacen muy buenas allí, ¿las ha probado?  Bueno, después de decirse lo bien que se veían para los años que tenían y de compartir trucos para ocultar las canas y las arrugas, ella se sintió confiada y se fue sacando las hilachas de su vida para ponerlas en la mesa delante de su amiga - con tan mala suerte que las vecinas la escucharon -. Al principio - eso dicen - nadie entendía muy bien de que estaban hablando, ella hablaba de un cuerpo en llamas, de un dolor de tripa, de sudores en las manos, de un olor presente todos los minutos del día.

       Luego habló de miradas furtivas, de roces de manos, de coincidencias mágicas, de destinos que en algún momento, en el comienzo de sus vidas, se truncaron y que ahora reclamaban el derecho a la existencia. ¿Sigue sin entender verdad? Pues a las brujas pedazo de cuero viejo que la escuchaban les pasaba lo mismo, no lograban entender de que hablaban la señora bonita y su amiga, bueno ésta última solo escuchaba con atención lo que decía ella y de vez en cuando lanzaba un ay, o un cómo así, para luego quedarse en silencio concentrada en la narración de su amiga. A los pocos días se volvieron a encontrar en el mismo sitio y por la misma razón, el cura se había retrasado, y ella, entre mordisco y mordisco de empanada, empezó a contarle a su amiga qué su corazón se había vuelto a abrir al amor, que su carne pedía a gritos sexo sin placebos, que no podía dormir pensando en él, que la cara de él, vivía en su cerebro y su olor en su ombligo y que era maravilloso y horrible a la vez, pues era un amor prohibido, era un imposible, ambos estaban casados, ella tenía hijos y el miles de fieles.

        Lo que se escuchó en la cafetería resonó en esa esquina de la iglesia, junto al cuadro de la anunciación, y se le comentaba a todo aquel que quisiera oírlo… claro, todos querían. ¿Ahora se da cuenta por qué se armó el lío caballero? Parece cosa de pueblo perdido en medio de las montañas, pero no, aquí en la súper moderna y civilizada ciudad, en medio de edificios, oficinas, internet y cámaras vigilando nuestros pasos,  pasó lo qué paso y ahí la tiene usted, caminando como zombi, hablando despacio y sonriendo a toda hora como una imbécil, porque eso fue lo que hicieron con ella, el marido no sé si por celos o por machismo la metió en el manicomio, la llenaron de pastillas y luego, como no era peligrosa, se la devolvieron.

Bueno, eso es lo que él cree, porque ese cuerpo que se acuesta con él todas las noches y que quizá alguna vez ceda a sus deseos, no es el de ella, aunque se le parezca físicamente. Condición humana lo llaman, ¿verdad caballero? 

27 de Diciembre, 2013, 9:07: GladysGeneral

Siempre que llegaba a un sitio provocaba una fuerte corriente eléctrica en hombres y mujeres. Ante su presencia todas las caras se volteaban, los ojos la dibujaban y las sonrisas florecían; ella lo sabe, acepta ese destino con una sonrisa en los labios y una actitud natural. Ha sido así desde que era niña. Se acostumbró a eso y no se dio cuenta de que todas esas miradas cálidas, esos rostros sonrientes y esas sonrisas espontáneas se le iban pegando a la piel como pequeñas escamas imperceptibles. Ella continuó su vida, la llenó de imágenes, de personas, de recuerdos, olores y risas hasta que un cansancio inexplicable empezó a doblar su espina dorsal. Acudió a médicos, a medicinas alternativas, yoga, budismo, meditaciones, menjurjes y cuanta cosa le recomendaban; probó de todo, y con los consejos que le daban  fue construyendo su propia bitácora, mezclaba, añadía, inventaba sus recetas particulares, de vez en cuando se ponía en la tarea de practicar consigo misma sus remedios, pero el cansancio no se iba, al contrario, cada día era más fuerte hasta que empezó a temer que un día, más pronto que después, sus huesos se romperían como el cristal, ante tamaño peso. A los médicos no les creía cuando le decían que era la edad. Sí, era consciente de sus años, pero no creía que ese fuera el problema, sin embargo nadie en el mundo parecía saber a que se debía tal cansancio.  Viajó al extranjero, convocó congresos, pidió ayuda, repetía hasta el aburrimiento sus males a todo aquel que quisiera escucharla pero parecía que lo suyo estaba condenado a convertirse en otro misterio universal. Lleno de monumentales teorías pero nada que pudiera probarse. Poco a poco empezó a perder la paciencia, un día amanecía con ímpetus para seguir en la búsqueda incluso llegaba a sentirse un poco mejor,  pero esa sensación de bienestar no duraba más que un par de días, otros se desanimaba, se rendía a la evidencia: aceptar que aquello no tenía remedio, eso quizá sería mejor para todos, incluso para ella misma.  Una tarde de esos espacios de tiempo en que no sabía que hacer, descubrió que tenía una pequeña escama en forma de sonrisa pegada en el tobillo, la arrancó sin mayor dificultad y la colocó en la palma de su mano para observarla mejor. Sí, se trataba de una sonrisa. - Que raro - pensó. Durante una hora estuvo mirando la pequeña sonrisa y especulando sobre su origen, o cómo se le había pegado a la piel, o dónde estaba ella cuando ésta se le adhirió al tobillo, o mejor, a quién pertenecía y en cuanto formuló la pregunta el rostro de un amor pasado se dibujó en su cerebro, ella colocó la sonrisa sobre los labios de la imagen y la escama desapareció. Desde hace un mes los empleados de correos andan intrigados ante una avalancha de livianas y pequeñas cartas con destinatario pero sin remitente.

27 de Diciembre, 2013, 9:05: SelváticaGeneral

El hambre nos devora. Salimos a comprar algún tentempié a la tienda de la esquina, yo me decidí por una tarta de chocolate y un té caliente en vaso de plástico… no me gusta el té en vaso de plástico, pero a veces, uno tiene que hacer concesiones. Salimos rozándonos los codos, saboreando de antemano lo que llevábamos en las manos, pero al dar la vuelta a la esquina nos encontramos de repente con un hombre y una mujer tirados en la acera en medio de un charco de sangre, el yacía de cara al cielo, mientras que la mujer estaba de costado, apoyando su rostro en la espalda del hombre. Había otra mujer arrodillada junto a ellos pidiendo auxilio a los viandantes, sacudiendo con fuerza los cuerpos para intentar devolverles la conciencia, pero nínguno respondía. La mujer tendida en el piso se mueve un poco - pienso que aún está con vida - pero parece que sus movimientos son solamente reflejos. En cambio el hombre si que yace inerte.  Yo contemplo la escena como si dos personas existieran dentro de mí, una llama por el móvil a una ambulancia haciendo malabares para no derramar su té ni dejar caer su tarta de chocolate, mientras que la otra observa cuidadosamente los cuerpos manchados de sangre y ve como algunas gotas se han quedado suspendidas en el espacio a unos centímetros de los cuerpos, como dibujadas por un artista de cómic mientras que los gritos de la mujer se elevan en burbujas blancas y escritos con mayúsculas. En la pared hay una caja negra, la mujer que grita la ve y descubre que es un desfibrilador, lo toma, lo enchufa y se dispone a aplicar las placas sobre el pecho del hombre pero su gesto es demasiado débil y no logra nada. Mi amigo deja el vaso con el café y su tarta de manzana… creo,  y se dispone a ayudar. Toma las placas con mano decidida, las aplica con fuerza una y otra vez mientras su frente empieza a chorrear un  espeso sudor. Los de la ambulancia me dicen que ya están en camino - digo al aire -. Al quinto intento el hombre susurra algo. Mi amigo le dice que mueva los dedos de la mano y el hombre lentamente lo hace, luego le vuelve a ordenar que haga lo mismo pero con los pies, y el hombre obedece. Llega la ambulancia, mis dos mitades se unen, tomo a mi amigo del brazo para volver a nuestra hambre, a nuestra tarta y a nuestro té. Me dice que no. Que él se va con ellos porque quiere ver cómo vuelve a la vida esa pareja. Yo regreso, por hacer tiempo entro a una tienda, subo unas escaleras improvisadas y me encuentro a una mujer haciendo cuentas frente a una caja registradora. Sin mirarme me dice que está cerrado. Obvio pienso yo, pero sigo hasta el fondo de la tienda donde hay un hombre contando plátanos. Me encamino a la salida, voy a bajar las escaleras pero se me cae la tarta sobre el piso lleno de granos de arroz y de pelos de gato. La mujer no se entera de nada. Sé que debo irme. Es bueno saber con certeza que ya no hay nada que esperar, así que vuelvo a casa con el vaso de té aun caliente en mi mano, me encuentro con un chico en el portón y empezamos a hablar de lo del accidente. El responde encantado y me cuenta el mismo accidente pero con otros protagonistas…¿Quién tiene mi té?

27 de Diciembre, 2013, 8:59: Gladysminirelatos


 Mis amigos se quedaron de piedra, más de uno quiso asesinarme con la mirada y también hubo quien me dio la espalda. A ese no lo veré jamás.  Ya sé que les fallé en el último momento. Si, cuando ellos ya se estaban reventando de risa imaginando lo que vendría,  la vergüenza del abuelo apoderándose de su boca vacía.  - Otra broma más para guardar en nuestra colección de putadas -. Pero esta vez no fui capaz, devolví la dentadura a su vaso de toda la vida y cuando vi sus caras de reprobación, supe que había envejecido de repente.

27 de Diciembre, 2013, 8:45: GladysAlaprima


 He vuelto al escenario, ustedes se van a quedar sin saber si es un teatro, o el salón comunal del barrio o una plaza en alguna gran ciudad ya recorrida. Lo cierto es que ahí estoy, camino repasando mi papel, no siento, no pienso… vivo. No hubo lentejuelas, ni haces de luz persiguiéndome, solo una cálida voz susurrándome en la nuca, sabía que era tu calor esperando a que regresara.

27 de Diciembre, 2013, 8:30: GladysAlaprima

 No sabía por qué lo habían atado de esa manera. Los demás son tontos o sordos, - se interrogaba - no se dieron cuenta de que en sus condiciones era lo único que podía hacer. A qué viene tanto escándalo por unos ojos, una boca, un cuello y unos cabellos dando vueltas en la lavadora del hospital, aunque una cosa si hay que reconocerles, y es que la solución no funcionó, no bastó centrifugar la cabeza para extraer la voz y que le pudiera responder de una buena vez, porque lo llamaba a gritos todas las madrugadas desde su adolescencia.  

2 de Diciembre, 2013, 10:46: GladysGeneral

Si señor, por eso usted me encontró saltando de riel en riel en la vía del tren, no lo puedo evitar, una parte es la verdad y otra la mentira… o fantasía como yo prefiero llamarla… ya sé, eso a usted no le importa, a usted le pagan por mantener el orden a lo largo de las vías del tren, pero si le interesa, por pasar el tiempo, mientras llegan los de la camioneta le diré que cuando era niña me gustaba saltar de baldosa en baldosa sin pisar línea; las tardes se deshacían tranquilas en nubes violetas y saltitos apresurados.

Unos años después empecé a jugar con una pelota de letras solo para dejar mensajes en las paredes hasta que llego la adolescencia y con ella el aislamiento, así que a falta de a quien amar, me inventaba príncipes, guapos, inteligentes, divertidos y sobre todo que me amaran.

Con ellos llenaba mis días y nunca supe en qué momento las fantasías empezaron a salirme por la boca, se asentaron en medio mis amigas, se vistieron con colores de moda, escucharon música, bailaron, lloraron como si tuvieran vida propia.

Al principio no resultaba muy complicado hacer desaparecer las fantasías cuando era necesario, o cuando me aburría, o cuando la realidad me requería inapelablemente. Mis dos mundos se llevaban perfectamente bien hasta que un día, detrás de la puerta escuché como mis amigas se burlaban de mi y de mis mentiras. Me dio rabia al principio, lo mío no eran mentiras, eran fantasías y me alejé de ellas definitivamente.

Los años, las personas que llegaron, las que brotaron de mi, fueron agotando mi capacidad de fantasía, ahora, cuando recuerdo a mis amigas, pienso que fui una tonta al abandonarlas y enfadarme con ellas. Ellas tenían razón, era una mentirosa compulsiva, y ni siquiera la belleza de la fantasía tenía la magia de borrar lo horrible de la mentira.

Lamento el haberlas perdido, pero ya es demasiado tarde para intentar recuperarlas, cada una de ellas habrá escrito su historia y quizás yo misma ya no seré ni siquiera una nube lejana en las vidas de mis primeras amigas; por eso, me decía, debo conservar las de ahora, las de mi instante, debo ser sincera, debo hablar solo de lo real que me rodea, como este vaso, esta silla, este vestido.

Pero los encuentros con mis amigas acababan siempre con frías despedidas, cada vez lo hacía con más frecuencia, cada vez me inventaba tantas cosas que a veces dudaba entre cual era mi realidad: si la de esa mujer que vive sola encerrada en cuatro paredes, o esa otra que no puede aceptar tantas invitaciones, que vive rodeada de pretendientes y lleva una agitada agenda social, que cada noche muere de amor y al día siguiente el desayuno le trae el aroma de una espalda en su nuevo día.

Ya, no me ponga esa cara señor guardia, no pretendo disculparme, sé que puse en peligro mi vida y quizás la de otras personas, lo reconozco - le dijo mirándolo a los ojos intensamente - y como él le sostuvo la mirada se atrevió a preguntarle: ¿Dónde está la mujer real? Allí o ahí?

Le dio la espalda mirando los rieles, ¿dónde está? susurró mientras la conducían suavemente hasta el coche de la policía.

2 de Diciembre, 2013, 10:34: GladysGeneral
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No, no se crean ustedes que a nuestro señor de azúcar se le ocurrió sacar una butaca al portal de su casa y sentarse a esperar. No, que va, él no es de esos, aunque esa palabra nos traiga a la memoria a alguien pasivo - paralizado - con las manos extendidas y actitud atenta al menor movimiento. Él decidió hacerlo caminando sin fin y sin rumbo fijo; su naturaleza le pedía moverse mientras esperaba a que sucediese lo que tenía que suceder, nada más y nada menos que la protagonista de su amor, un día apareciera y le dijera que no podía vivir sin él - no se crean que el pobre señor de azúcar se ha deschavetado, él sabe que eso no sucederá jamás, es más la mujer ni siquiera sabe que él existe, y sin embargo nuestro caballero decidió esperar y en ese entre acto se vio en medio de una multitud de turistas en una ancha plaza con las manos sosteniendo cámaras, tabletas y móviles en alto rodeándolo expectantes e instándolo a que empezara su número.

Muy tranquilo, los miró, levantó la barbilla fijó su mirada en un punto muy lejano sobre sus cabezas, congelando unos segundos el instante, a tono con la gélida temperatura de la ciudad, lanzando su mirada aguda a ese punto donde seguramente - eso pensaba al menos - el cuerpo de su amada sentiría su calor y su necesidad de ella. La música surgió del piso calentando baldosas y luego fue ascendiendo por los tobillos del público hasta sobrepasarlos y teñir el cielo de rosa y dorado…

Esperaré…

La voz de la cantante rompe el silencio y eleva los pies del señor de azúcar, los empuja suavemente de baldosa en baldosa, lo atrae en círculos, lo toma de la mano e impulsa su cuerpo haciendo que música y hombre se amalgamen en un sueño sensual que solo tiene ojos para mirar hacía ese punto infinito confundido entre la multitud, como un destello perdido en la luminosidad de una galaxia.

Esperaré…

Y su cuerpo retrocede, avanza, coquetea con el público, captura sus olores y sus ilusiones, los extrae de sus cuerpos y los va colocando sobre la palma de su mano, luego los lleva a sus labios y los lanza al viento en dirección a ese puntito en el infinito donde se haya su amor, cierra los ojos imaginando que su beso le llega tibio y nuevo a través de la distancia.

La música se está apagando, sus movimientos se hacen más lentos, la voz de la cantante habla por él, promete que va a esperar hasta "que sus labios me quieran besar" y el público aplaude acallando la voz.

El sombrero del señor de azúcar recibe indiferente las monedas, mientras el cuerpo languidece en su hambre y los pies descalzos se estremecen sobre los adoquines.


2 de Diciembre, 2013, 10:28: Gladysminirelatos
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         Fue un soplo en la nuca, después un aire gélido recorriendo la espina dorsal, más tarde, ya adormilada, los párpados se le cerraron y las lágrimas se fugaron a través de los oídos refugiándose en las tuberías de la casa desde donde la atormentan todas las madrugadas.

            Enloquecida de terror empezó a romper cañerías hasta que las manos le sangraron, a cada golpe los sollozos se hacían más sonoros. Algunos vecinos alertaron a la policía y se la encontraron agazapada en una esquina, mientras la sangre se extendía por el suelo, empapando de rojo las lágrimas reprimidas toda su vida.


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