2 de Diciembre, 2013, 10:46: GladysGeneral

Si señor, por eso usted me encontró saltando de riel en riel en la vía del tren, no lo puedo evitar, una parte es la verdad y otra la mentira… o fantasía como yo prefiero llamarla… ya sé, eso a usted no le importa, a usted le pagan por mantener el orden a lo largo de las vías del tren, pero si le interesa, por pasar el tiempo, mientras llegan los de la camioneta le diré que cuando era niña me gustaba saltar de baldosa en baldosa sin pisar línea; las tardes se deshacían tranquilas en nubes violetas y saltitos apresurados.

Unos años después empecé a jugar con una pelota de letras solo para dejar mensajes en las paredes hasta que llego la adolescencia y con ella el aislamiento, así que a falta de a quien amar, me inventaba príncipes, guapos, inteligentes, divertidos y sobre todo que me amaran.

Con ellos llenaba mis días y nunca supe en qué momento las fantasías empezaron a salirme por la boca, se asentaron en medio mis amigas, se vistieron con colores de moda, escucharon música, bailaron, lloraron como si tuvieran vida propia.

Al principio no resultaba muy complicado hacer desaparecer las fantasías cuando era necesario, o cuando me aburría, o cuando la realidad me requería inapelablemente. Mis dos mundos se llevaban perfectamente bien hasta que un día, detrás de la puerta escuché como mis amigas se burlaban de mi y de mis mentiras. Me dio rabia al principio, lo mío no eran mentiras, eran fantasías y me alejé de ellas definitivamente.

Los años, las personas que llegaron, las que brotaron de mi, fueron agotando mi capacidad de fantasía, ahora, cuando recuerdo a mis amigas, pienso que fui una tonta al abandonarlas y enfadarme con ellas. Ellas tenían razón, era una mentirosa compulsiva, y ni siquiera la belleza de la fantasía tenía la magia de borrar lo horrible de la mentira.

Lamento el haberlas perdido, pero ya es demasiado tarde para intentar recuperarlas, cada una de ellas habrá escrito su historia y quizás yo misma ya no seré ni siquiera una nube lejana en las vidas de mis primeras amigas; por eso, me decía, debo conservar las de ahora, las de mi instante, debo ser sincera, debo hablar solo de lo real que me rodea, como este vaso, esta silla, este vestido.

Pero los encuentros con mis amigas acababan siempre con frías despedidas, cada vez lo hacía con más frecuencia, cada vez me inventaba tantas cosas que a veces dudaba entre cual era mi realidad: si la de esa mujer que vive sola encerrada en cuatro paredes, o esa otra que no puede aceptar tantas invitaciones, que vive rodeada de pretendientes y lleva una agitada agenda social, que cada noche muere de amor y al día siguiente el desayuno le trae el aroma de una espalda en su nuevo día.

Ya, no me ponga esa cara señor guardia, no pretendo disculparme, sé que puse en peligro mi vida y quizás la de otras personas, lo reconozco - le dijo mirándolo a los ojos intensamente - y como él le sostuvo la mirada se atrevió a preguntarle: ¿Dónde está la mujer real? Allí o ahí?

Le dio la espalda mirando los rieles, ¿dónde está? susurró mientras la conducían suavemente hasta el coche de la policía.

2 de Diciembre, 2013, 10:34: GladysGeneral
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No, no se crean ustedes que a nuestro señor de azúcar se le ocurrió sacar una butaca al portal de su casa y sentarse a esperar. No, que va, él no es de esos, aunque esa palabra nos traiga a la memoria a alguien pasivo - paralizado - con las manos extendidas y actitud atenta al menor movimiento. Él decidió hacerlo caminando sin fin y sin rumbo fijo; su naturaleza le pedía moverse mientras esperaba a que sucediese lo que tenía que suceder, nada más y nada menos que la protagonista de su amor, un día apareciera y le dijera que no podía vivir sin él - no se crean que el pobre señor de azúcar se ha deschavetado, él sabe que eso no sucederá jamás, es más la mujer ni siquiera sabe que él existe, y sin embargo nuestro caballero decidió esperar y en ese entre acto se vio en medio de una multitud de turistas en una ancha plaza con las manos sosteniendo cámaras, tabletas y móviles en alto rodeándolo expectantes e instándolo a que empezara su número.

Muy tranquilo, los miró, levantó la barbilla fijó su mirada en un punto muy lejano sobre sus cabezas, congelando unos segundos el instante, a tono con la gélida temperatura de la ciudad, lanzando su mirada aguda a ese punto donde seguramente - eso pensaba al menos - el cuerpo de su amada sentiría su calor y su necesidad de ella. La música surgió del piso calentando baldosas y luego fue ascendiendo por los tobillos del público hasta sobrepasarlos y teñir el cielo de rosa y dorado…

Esperaré…

La voz de la cantante rompe el silencio y eleva los pies del señor de azúcar, los empuja suavemente de baldosa en baldosa, lo atrae en círculos, lo toma de la mano e impulsa su cuerpo haciendo que música y hombre se amalgamen en un sueño sensual que solo tiene ojos para mirar hacía ese punto infinito confundido entre la multitud, como un destello perdido en la luminosidad de una galaxia.

Esperaré…

Y su cuerpo retrocede, avanza, coquetea con el público, captura sus olores y sus ilusiones, los extrae de sus cuerpos y los va colocando sobre la palma de su mano, luego los lleva a sus labios y los lanza al viento en dirección a ese puntito en el infinito donde se haya su amor, cierra los ojos imaginando que su beso le llega tibio y nuevo a través de la distancia.

La música se está apagando, sus movimientos se hacen más lentos, la voz de la cantante habla por él, promete que va a esperar hasta "que sus labios me quieran besar" y el público aplaude acallando la voz.

El sombrero del señor de azúcar recibe indiferente las monedas, mientras el cuerpo languidece en su hambre y los pies descalzos se estremecen sobre los adoquines.


2 de Diciembre, 2013, 10:28: Gladysminirelatos
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         Fue un soplo en la nuca, después un aire gélido recorriendo la espina dorsal, más tarde, ya adormilada, los párpados se le cerraron y las lágrimas se fugaron a través de los oídos refugiándose en las tuberías de la casa desde donde la atormentan todas las madrugadas.

            Enloquecida de terror empezó a romper cañerías hasta que las manos le sangraron, a cada golpe los sollozos se hacían más sonoros. Algunos vecinos alertaron a la policía y se la encontraron agazapada en una esquina, mientras la sangre se extendía por el suelo, empapando de rojo las lágrimas reprimidas toda su vida.


2 de Diciembre, 2013, 10:21: Gladysminirelatos
Piedras pequeñas 1920x1200

Voy a tener que aprender a correr, voy a poner un pie sobre una baldosa y el otro en la siguiente, con mi voluntad empujaré estos huesos hacía adelante, con mi mente construiré puentes, con mis manos muletas recias para poder avanzar.

Con los jirones de mi vida voy a hacer una colcha para abrigar mis noches, pero voy a tomarme todo el tiempo que necesite para borrar las imágenes del pasado.

Voy a vaciarme como un bolsillo vuelto de revés, voy a recoger pedazos de piedras calizas por las calles de la ciudad para empezar a dibujar mi vida.




Voy a tener que olvidarme de esta primera palabra.

2 de Diciembre, 2013, 10:16: GladysHablando de...

Hay libros que llegan a nosotros pisando suave sobre la alfombra, rozándonos con el aire de su respiración y muchas veces no nos damos cuenta de que existen hasta que de alguna manera se rompe el silencio; los abrimos, vamos recorriendo sus páginas mientras nuestro cerebro escoge imágenes que guarda en algún recoveco sin fechas de ingreso ni caducidad.

Muchos años después, esquivando las piedras del camino, llorando por callejones o riendo abrazados a la vida, la situación es lo de menos, hacemos un gesto y las imágenes guardadas en aquel recoveco del cerebro se nos aparecen para regalarnos de nuevo emociones que teníamos olvidadas.

Es lo que nos evoca, la madalena mojada en el café del tiempo perdido de Proust, el número de la página desapareció de nuestras mentes, el título del capítulo… probablemente también, o lo confundimos entre los pliegues de la memoria, pero la humedad de la madalena yendo de la taza de café hasta los labios encierra todo un universo de emociones.

En ese instante cabe la historia de una vida, los hechos de un siglo, las costumbres de una sociedad, las maneras de ser y hablar de los personajes dibujados con letras mojadas en eterna realidad; en ese libro social continúan viviendo seres humanos que no necesitan cirugías plásticas, ni what'sApps para mantenerse al día, personajes e historias que tienen la capacidad de atraer y adherirse a las historias que sus lectores llevan en las espaldas, porque no es solamente la madalena de Proust, es nuestra propia madalena, es nuestro propio sabor al deshacerse en el paladar, es el café con leche de nuestra propia vida, nuestros amores, odios, rutinas y ensueños.

Libros que se adhieren a nuestra historia más íntima, que continúan viviendo mientras nosotros desaparecemos, que sobrepasan generaciones enteras, que logran sacudirse el polvo y renovar el gusto por una madalena, que de otra manera estaría fosilizada en una urna de cristal.

Libros que no necesitan fecha para ser recordados, aunque por estos días se hayan celebrado los 100 años de su publicación, que diarios y revistas se han encargado de reseñar llenando sus páginas de notas, de ensayos, de celebraciones y de criticas también, porque es verdad, existe mucha gente a la que no le gusta el sabor de las madalenas mojadas en café con leche, no leerán jamás el libro, pero no pueden quedarse indiferentes. Quizás, para mayor ironía, el propio autor al escribir los renglones de la madalena estaría pensando más bien en el dolor de los celos o en esos ojos que ya no miran… y sin embargo, sus lectores hemos adoptado el sabor de esa masa de harina y lo hemos asociado a nuestras vidas, y con ese sabor seguiremos releyendo una y otra vez, mientras buscamos el camino perdido.