No sabía por qué lo habían atado de esa manera. Los demás son tontos o sordos, - se interrogaba - no se dieron cuenta de que en sus condiciones era lo único que podía hacer. A qué viene tanto escándalo por unos ojos, una boca, un cuello y unos cabellos dando vueltas en la lavadora del hospital, aunque una cosa si hay que reconocerles, y es que la solución no funcionó, no bastó centrifugar la cabeza para extraer la voz y que le pudiera responder de una buena vez, porque lo llamaba a gritos todas las madrugadas desde su adolescencia.