24 de Enero, 2014, 10:25: GladysGeneral


            Su cabeza giró al percibir un ligero ruido a la derecha de donde se hallaba sentado, los ojos escudriñaron la maleza del parque y se lamentó de que los encargados de mantenimiento hicieran la vista gorda ante las malas hierbas que afeaban las formas de los lindos parterres, le encantaba ese pequeño retazo de verde en medio de la ciudad con sus círculos de césped bien recortado, con sus circunferencias de pensamientos, o violetas o geranios de colores.
            Pasaba muchas tardes de domingo allí sintiendo el calor sobre las mejillas, o sacando pensamientos del bolsillo para lanzar al aire como quien tira maíz a las palomas, o contemplar los desfiles de nubes mutantes sobre el cielo azul. Eso era el parque un escenario de imposibles donde podía disfrutar de la soledad, que a veces le costaba tanto conseguir.
            Por eso, cada vez que podía huía hacía su lugar preferido, a veces notaba que iba muy de prisa, que bajaba los escalones de dos en dos, que el estómago le ardía y se preguntaba por qué su cuerpo, - en los últimos meses se empeñaba en comportarse de tan extraña manera - siempre había sido dócil, jamás le dio mayores problemas, algún calambre, de vez en cuando, un tirón muscular, cansancio, debilidad, pero resumiendo, no podía quejarse de él, sin embargo algo había cambiado y él no acertaba a saber qué era, por eso se asombraba y a veces llegaba hasta asustarse por las cosas que éste hacía, un tema delicado al que no lograba arrancar una punta para tirar de ella y llegar a la raíz del asunto.
            Oh, perdón, me he desviado del tema. Les contaba que él estaba en el parque disfrutando de su soledad, soltando pensamientos al aire cuando un ligero roce a su derecha llamó su atención. Al principio no vio nada, creyó que era el viento revoloteando entre las patas del banco, volvió la vista al cielo para perseguir una nube en forma de gnomo cuando el ruido se hizo más fuerte, se levantó, dio la vuelta, miró hacía el sendero de tierra que conducía a la parte más frondosa del parque y decidió echar un vistazo, caminó con la cabeza baja procurando no dejar ni un espacio sin supervisión hasta que llegó a la rotonda y allí estaba el pobre animal dando vueltas como enloquecido, agitando sus alas en un intento de volar, hurgando con su pico los terrones de piedra de forma desesperada.
            Un estúpido y torpe pollo lo había arrancado de su banco, de sus ensueños, de sus nubes y de sus pensamientos revoloteando en el aire como pelusas en un rayo de sol. Vaya tontería pensó.  Decidió volver a su lugar, retomar su vida desde donde la había dejado con la esperanza de volver a ver sus pensamientos suspendidos en el aire, como si no hubiera pasado nada, así, giró sobre sus talones aunque continúo contemplando al animal desesperado que al parecer intentaba quitarse algo de encima, era como si tuviera convulsiones  o estuviera mutando.            
            Se acercó un poco más desechando el deseo de volver a su tranquilo banco, se inclino para ver mejor al pobre pollo que entre batir de alas, picotazos, nubes de plumas y de arena arañada con sus patas producía un agudo ruido que amenaza con poseerlo por toda eternidad si no lograba averiguar que sucedía. Intento cogerlo con sus manos, pero se arrepintió, el animal sin duda se asustaría más, se levantó, le dio la vuelta pero las alas se replegaron como cubriendo al pollo de su mirada.
            Intrigado, lo único que se le ocurrió fue patearlo y lanzarlo lejos. El ruido cesó, la calma volvió al parque y a su cerebro, sin embargo en vez de darse la vuelta y volver a su banco, decidió acercarse al montón de plumas inertes en que se había convertido el pollo, se acurrucó para verlo mejor, entonces fue él quien se vio lanzado algunos metros lejos del animal, nadie podría decir con certeza si su cuerpo saltó por instinto de supervivencia o por algún extraño sortilegio emanado de aquel estúpido pollo con dos cabezas exactas a la de él.

 

24 de Enero, 2014, 10:13: GladysGeneral


          Esa tarde estaba especialmente cansado, aunque si repasaba los minutos del día había que reconocer que no había realizado ninguna actividad particularmente agotadora, más bien era aquel, un día de esos que pasan desabridos por nuestra vida.

         Se trataba un cansancio más bien emocional, él era muy ignorante en esas cuestiones absurdas del alma o de los sentimientos, por eso no se ponía a despeluzar las emociones, se limitaba a reconocer que estaba cansado de hacer nada y que probablemente estaba incubando un virus, últimamente todo el mundo había adoptado tal definición para aquellas cosas que suceden en sus cuerpos y que no atinan a explicar de manera satisfactoria.

           Para la salud mental, esto es lo mejor, etiquetar cosas, colocarlas ordenadamente en los estantes del cerebro para que no asusten, en eso, él era un experto, no tenía problemas con su vida, al contrario, muchas veces la encontraba satisfactoria, generalmente se sentía satisfecho con los años vividos y no esperaba que las cosas cambiaran en los por vivir.

           Así que empujo el portal de la entrada al edificio donde residía desde hace muchos años, se acercó a su buzón de correos. Había un gran paquete de sobres, cosa que le extrañó, en la mañana había recogido su correo asegurándose de que no quedara nada, con un gesto de los labios que demostraba extrañeza, recogió los sobres, los fue mirando sin ver mientras esperaba el ascensor, sus dedos pasaban de uno a otro mientras tanto la puerta se abrió, salieron tres personas, dos adolescentes, aún con uniforme a pesar de la hora, esas niñas ya deberían estar cenando con sus padres, era la costumbre, una mujer desconocida que no despertó mucho su atención en cuanto a lo físico, pero que emanaba un olor conocido, aunque no lograba asociarlo con su vida personal.

           Impulsivamente se apartó para que salieran, luego entró mirando los sobres, pulsó el botón del 4º, su piso, apoyó la espalda contra la pared mientras sus manos repasaban los sobres sin verlos.

            El ascensor se detuvo, abrió la puerta de su apartamento, encendió la luz y se quedó bajo el marco de la puerta contemplando el salón, tratando de entender que pasaba. El piso estaba ordenado con muy buen gusto, no faltaba un detalle, cortinas, sillones, mesitas, cuadros, incluso portarretratos mostrando una familia sonriente en sus recuadros, sin embargo, no era su piso, no eran sus muebles, ni sus objetos, ni sus cuadros, ni era esa su familia, de hecho, no la había tenido nunca.

           Todo en aquel piso era nuevo, incluso la ropa que había en los armarios, los jabones en el baño, la leche en su nevera era light y a él siempre le gustó entera. Aquello no era suyo, seguramente se había equivocado de piso, así que más tranquilo avanzó hasta la puerta procurando no rozar con nada para no alterar la colocación de los objetos, nadie debería saber que él había estado allí, no quería meterse en líos, su mano rozó el picaporte pero antes de salir echó un último vistazo y sintió que no se había equivocado, los objetos cambian, las personas no.


24 de Enero, 2014, 10:11: LadypapaHablando de...


                 En la primera página vemos un telón con dos enormes interrogantes ondeando al viento, las tripas se revuelven, las manos sudan, por todo el cuerpo una corriente eléctrica nos hace salivar el inminente placer; estamos a punto, nuestro cuerpo está sensiblemente preparado, los nervios tensos, el músculo alerta, los ojos abiertos, la piel erizada, el cerebro preparado.

            Los ojos desvelan habitaciones llenas de humanidad, paisajes de personalidades, nubes de sentimientos, espejos de rostros con profundas arrugas colmadas de experiencia para que deslicemos nuestros dedos sobre ellas, para que las recorramos lentamente, para que aprendamos a dibujar nuestras propias escenas vitales.

            También sabores a los que no encontramos nombres porque no nos recuerdan a nada de lo que hemos probado antes y sin embargo nos gustan, contradiciendo aquella expresión de que sólo sé es feliz con lo conocido, claro que no, también hay felicidad en aquello que no sabemos nombrar, y no es solo asombro, interrogantes o curiosidad es felicidad simple y llana.

            Y si los sentidos se embotan, si los párpados insisten en caer y cerrar el contacto, de repente una palabra, produce una especie de cortocircuito cerebral que estremece la carne, las rodillas tiemblan, los pelos se levantan, los ojos espabilan, releen y graban en la memoria la emoción en forma de caracteres latentes debidamente sellados para que un mes, o dos años o veinte más tarde volvamos a sentir esa emoción con igual intensidad.

            Palabras que susurran, que toman forma que juegan entre nuestras manos, que nos retan, nos lanzan contra el piso o nos elevan a la estratosfera, eso es lo que se llama literatura cinco sentidos. No hay que darle más vueltas, está ahí, desnuda pero no indefensa, dispuesta a que cada uno de los lectores le ponga el vestido que le dé la gana, o no, disponible para cuando queramos, paciente para cuando tengamos tiempo, inteligente para cuando la retemos, seductora dispuesta a complacernos siempre, sumisa y desafiante en el papel que le hemos dado y para lo cual le hemos creado.

            Juguete, talismán, oráculo, brujería o sabiduría… literatura cinco sentidos.

24 de Enero, 2014, 10:08: Gladysminirelatos


           Soy el último minuto de una fila de 499, iniciamos nuestras labores de madrugada, como siempre, a algunos de nosotros nos llenan de cosas, a otros nos dejan vacíos, esta mañana, sin embargo no sé por qué nos pusieron frente a un espejo, nos miramos, era la primera vez que nos veíamos a nosotros mismos, yo me imaginaba que era distinto, fue una decepción saber que era como los demás, pero no tuve tiempo para pensar en ello.       
          Nunca hay tiempo, todo sucede tan rápido que solo pude ver los talones de quien me antecedía, después nos llaman tiempo muerto.

24 de Enero, 2014, 9:58: GladysAlaprima


            Guardo nuestros minutos en la nevera.  Escuché que debía envolverlos en plástico para que se conservaran mejor y por más tiempo. Así lo hice.
            Los recogí cuando estaban calientes, algunos se resistieron al olvido, otros se gastaron un poquito por los bordes, pero los más siguen creciendo. Dicen que los alimento con mi imaginación… no lo sé, lo importante es que ahí están. Algunas veces pienso que debería sacarlos y airearlos, pero me contengo, podrían desaparecer y con ellos, el testimonio de que tu alguna vez exististe. Lo que me preocupa es que tendré que comprarme una nevera más grande.

 

24 de Enero, 2014, 9:53: GladysAlaprima


      Me dijiste que cerrara los ojos, me dijiste que me diera la vuelta, que me detuviera, que respirara, que pensara.
      Entretanto, reviviste nuestra historia, le pintaste corazones de azúcar, manzanas de caramelo, herviste mi sangre con el calor de tus venas y ardí en ebullición. La vida se me escapó a borbotones mientras mantenía los ojos cerrados. Pero perdóname por no hacerte caso, lo siento, a veces la voluntad actúa sin mi consentimiento; abrí los ojos y miré allí, donde viene la luz… desde el profundo lago de tus ojos.