Su cabeza giró al percibir un ligero ruido a la derecha de donde se hallaba sentado, los ojos escudriñaron la maleza del parque y se lamentó de que los encargados de mantenimiento hicieran la vista gorda ante las malas hierbas que afeaban las formas de los lindos parterres, le encantaba ese pequeño retazo de verde en medio de la ciudad con sus círculos de césped bien recortado, con sus circunferencias de pensamientos, o violetas o geranios de colores.
            Pasaba muchas tardes de domingo allí sintiendo el calor sobre las mejillas, o sacando pensamientos del bolsillo para lanzar al aire como quien tira maíz a las palomas, o contemplar los desfiles de nubes mutantes sobre el cielo azul. Eso era el parque un escenario de imposibles donde podía disfrutar de la soledad, que a veces le costaba tanto conseguir.
            Por eso, cada vez que podía huía hacía su lugar preferido, a veces notaba que iba muy de prisa, que bajaba los escalones de dos en dos, que el estómago le ardía y se preguntaba por qué su cuerpo, - en los últimos meses se empeñaba en comportarse de tan extraña manera - siempre había sido dócil, jamás le dio mayores problemas, algún calambre, de vez en cuando, un tirón muscular, cansancio, debilidad, pero resumiendo, no podía quejarse de él, sin embargo algo había cambiado y él no acertaba a saber qué era, por eso se asombraba y a veces llegaba hasta asustarse por las cosas que éste hacía, un tema delicado al que no lograba arrancar una punta para tirar de ella y llegar a la raíz del asunto.
            Oh, perdón, me he desviado del tema. Les contaba que él estaba en el parque disfrutando de su soledad, soltando pensamientos al aire cuando un ligero roce a su derecha llamó su atención. Al principio no vio nada, creyó que era el viento revoloteando entre las patas del banco, volvió la vista al cielo para perseguir una nube en forma de gnomo cuando el ruido se hizo más fuerte, se levantó, dio la vuelta, miró hacía el sendero de tierra que conducía a la parte más frondosa del parque y decidió echar un vistazo, caminó con la cabeza baja procurando no dejar ni un espacio sin supervisión hasta que llegó a la rotonda y allí estaba el pobre animal dando vueltas como enloquecido, agitando sus alas en un intento de volar, hurgando con su pico los terrones de piedra de forma desesperada.
            Un estúpido y torpe pollo lo había arrancado de su banco, de sus ensueños, de sus nubes y de sus pensamientos revoloteando en el aire como pelusas en un rayo de sol. Vaya tontería pensó.  Decidió volver a su lugar, retomar su vida desde donde la había dejado con la esperanza de volver a ver sus pensamientos suspendidos en el aire, como si no hubiera pasado nada, así, giró sobre sus talones aunque continúo contemplando al animal desesperado que al parecer intentaba quitarse algo de encima, era como si tuviera convulsiones  o estuviera mutando.            
            Se acercó un poco más desechando el deseo de volver a su tranquilo banco, se inclino para ver mejor al pobre pollo que entre batir de alas, picotazos, nubes de plumas y de arena arañada con sus patas producía un agudo ruido que amenaza con poseerlo por toda eternidad si no lograba averiguar que sucedía. Intento cogerlo con sus manos, pero se arrepintió, el animal sin duda se asustaría más, se levantó, le dio la vuelta pero las alas se replegaron como cubriendo al pollo de su mirada.
            Intrigado, lo único que se le ocurrió fue patearlo y lanzarlo lejos. El ruido cesó, la calma volvió al parque y a su cerebro, sin embargo en vez de darse la vuelta y volver a su banco, decidió acercarse al montón de plumas inertes en que se había convertido el pollo, se acurrucó para verlo mejor, entonces fue él quien se vio lanzado algunos metros lejos del animal, nadie podría decir con certeza si su cuerpo saltó por instinto de supervivencia o por algún extraño sortilegio emanado de aquel estúpido pollo con dos cabezas exactas a la de él.