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Todos los setos están rotos y pisoteados, toda la hierba está pisoteada de barro, agujeros allí donde han estallado los proyectiles, ramas separadas de su tronco por las explosiones. En todas partes las mismas señales terribles, sombrías y despiadadas de la batalla y de la guerra. Ya tengo el estómago lleno de todo eso”.

C. J. Paterson

Capitan del regimiento británico de infantería South Wales Borderers.

Paterson moriría a las pocas semanas de escribir ese testimonio, el 1 de noviembre de 1914.


Este es uno de los millones de testimonios, sucesos y hechos que están saliendo a la luz gracias al trabajo que vienen realizando miles de voluntarios que respondieron a un llamado del gobierno británico para leer, clasificar y divulgar más de millón y medio de páginas de los diarios oficiales en la primera guerra mundial.

Se trata de hacer llegar a los nuevos medios de comunicación el testimonio de la barbarie, la crueldad y la miseria - disponible ya en internet - bajo el nombre de Operación diarios de guerra.

El objetivo, según los promotores de la idea es crear una herramienta para que todo el mundo sepa qué pasó, día a día en la primera guerra mundial.

La iniciativa, indudablemente tiene sus ventajas, ofrecer la información sin restricciones es señal de progreso, pluralidad y un avance notorio respecto a épocas anteriores de la historia de la humanidad, donde quien escribía la historia era quien tenía el poder, así quienes nacimos antes de internet estamos pagando las consecuencias de una educación cimentada en información viciada por el sistema reinante en determinadas épocas.

Nuestra generación tiene que tragarse la lengua ante muchos de los nuevos descubrimientos históricos o ante documentos que contradicen lo que profesores o historiadores nos obligaron a aprender de memoria, a admirar y/o odiar en determinados casos. Nosotros hemos tenido que asistir al descubrimiento del barro en los pies de nuestros héroes o heroínas, nos hemos sonrojado al descubrir que nuestro filosofo, político, sociólogo o escritor preferido no era tan "sabio" como creíamos y encima, que aquellas teorías a las que nos entregamos por entero durante años, no eran más que pamplinas que terminaron corroídas por la realidad.

Es muy triste llegar a una edad en la que nos creíamos lo suficientemente sabios como para tener una opinión propia, basada en años de estudio, investigación y seguimiento de la historia de la humanidad. Ahora tenemos que confesar que, a la vista de los nuevos datos, somos más ignorantes que un bebé recién nacido en este mismo instante. Claro, uno podría consolarse con aquello de que la vida es un continuo aprendizaje, pero nadie nos quitará el sabor amargo de la ignorancia y la angustia por lo que a nuestras nuevas generaciones les espera, si no pueden confiar en lo que las instituciones educativas les están enseñando, de un lado, estos conocimientos tienen una fecha de caducidad muy corta, y del otro, no creo que internet y sus millones de usuarios hablando y opinando todos al mismo tiempo, como si de un reallity se tratara, brinden una educación sólida a los jóvenes.


Lady Papa