Le gusta tenderse boca arriba sobre el agua para contemplar las nubes, el cielo es un espejo bastante peculiar, porque en vez de reflejar su forma corporal, lo que dibuja es el movimiento de su cuerpo al flotar sobre las olas.

Desde la orilla la llaman, le hacen gestos, avanzan de prisa hasta el borde del agua sin atreverse a pisarla. Ella se ríe, que esperen o se vuelvan locos, ya nada importa. Ni siquiera ese rostro dibujado en el cielo que parece acercársele lentamente.