http://wholekitchen.es/wp-content/uploads/2013/05/cerezas.jpg

Despertó convertido en una chispita verde titilando en las pupilas de ella, todo su cuerpo parecía electrificado de emoción, cada terminación nerviosa estaba activada al máximo con su calor, el hálito vital lo sacudía con tal fuerza que temió perder su esencia primaria.

Después de las primeras angustias, de los iniciales sobresaltos y de esos instantes preliminares en que parecía que la vida se le escapaba del cuerpo, cayó en una especie de letargo inactivo, sintió que una membrana de indiferencia lo protegía de las cosas mundanas. Allí en esa tibieza húmeda el tiempo tenía otros valores, incluso, muchas veces pensó que ese tirano había dejado por fin de existir. Los días se habían desnudado, vagaban libres a su alrededor, las cosas, los detalles, los accesorios de su escenario particular giraban en un plasma armónico en el que la vida lograba cimentarse en valores desconocidos que la inteligencia no se molestaba en encasillar, como suele ser su antipática costumbre.

Pero la naturaleza tenía otras intenciones, ella jamás es estática, se mueve en ondas diminutas que con la distancia van adquiriendo dimensiones de Tsunami y esa noche tomaron la dirección de los ojos de esa mujer, llegaron hasta su lecho, levantaron sus mantas, estremecieron sus párpados erizando sus pestañas alargándolas hasta donde se hallaba él - retozando en su membrana húmeda - la destrozaron, lo arrancaron de su tibieza, lo catapultaron contra almohadas de rocas, huesos de marfil y oleajes de susurros.

Sí, eso fue lo que paso, seguramente en ese accidentado viaje, su pobre y mortal cabeza dio contra la roca de su almohada y produjo la mutación: una chispita dorada titilando en los pupilas de ella.

Cuando su razón empezó a conformar ese nuevo mundo lo llenó de teorías que le hicieron olvidar su inmediato y larval estado, estuvo muy ocupado poniendo nombres a cosas que no tenía ni idea de que existieran, se asombró al descubrir todo lo que había llevado dentro de sí y que jamás intuyó. Claro, también temió perder la razón, es que saber que has vivido medio siglo dentro de una membrana es muy difícil de asimilar.

Pero no todo es malo como le sucedió a aquel pobre que se convirtió en cucaracha, no, que va, desde allí tiene una posición privilegiada, porque cada vez que ella parpadea provoca ondas vitales con sabor a cereza… y esa, esa es su fruta preferida.