Si le cuento que oí una voz parecida a la mía, que me ordenó ir directamente al sur, a la casa de Juan, luego al centro, dando un giro de ciento ochenta grados a la casa de Roberto y enfilar luego recto hasta el norte a casa de Luis, donde vi las ventanas sin luz y las gruesas cortinas que nos vieron…, no y tampoco me va a creer que dibujé un interrogante por las calles de la ciudad recorriendo mi vida, así que… Discúlpeme usted caballero, este taxi ya no esta de servicio.