La volví a ver en un bar cutre de mi ciudad hace muchas noches, ya sé que no os podéis fiar de mi porque cuando me tomo un par de cervezas gigantes, ya se sabe. Imaginaciones aparte, ella me miró como de lejos, disimulando un poco, como quien teme mostrarse demasiado ansioso.

Sentí el impulso de explicarme. Para no arrepentirme corrí a una mesa, escribí cien caracteres que intentan llevar a sus manos todos mis por qué. Trabajo inútil puesto qué no sé su dirección, eso fue todo, lo nuestro es ahora una postal arrugada en mi bolsillo.