A veces ciertas circunstancias se alinean de forma curiosa, formando una galaxia llena de sorpresas a nuestro alrededor. No nos damos cuenta de ello hasta que empieza a girar una y otra vez ante nuestros ojos, reclamando nuestra atención; curiosamente sucede cuando estamos al borde del abismo - hablo de abismos metafóricos, como cuando vamos a tomar una decisión importante - en ese instante logramos mirarla de frente para encontramos con una visión asombrosa de nuestra vida pasada y ese instante, además nos desafía con una pregunta más: ¿Por qué seguimos vivos? es cuando nos damos cuenta de que lo estamos de milagro, como quien dice, pero, ¿cómo hicimos para sobrevivir a tantos avatares?

Creo que se debe a la inconsciencia, a caminar con los ojos cerrados y lanzarnos de cabeza en las turbulentas aguas de la vida. No encontramos otra explicación más lógica, tampoco queremos buscarla.

Sobrevivimos a besos venenosos, a abrazos asfixiantes, a sexo inseguro y no planificado, a amores tormentosos o celos desaforados… vivimos peligrosa e inconscientemente, de ello son testigos unas cuantas cicatrices tatuadas en la piel, en el alma y en esos lugares que no sabemos exactamente donde quedan, pero a los que les basta la luz de una mirada, o el recuerdo de un tono de voz para desvelarse certificándonos su presencia.

Sí, tenemos huellas invisibles de amores desaforados e ilusos, dejamos jirones de nuestra piel al lado de la vida de otras personas en los momentos en que los ritmos vitales coincidían, o incluso cuando dejaron de hacerlo.

También sobrevivimos a borracheras solitarias sentados en una acera en medio de gente desconocida, en fiestas de presencias borrosas, o en medio de mundos que se iban alejando lentamente de nuestro ser.

Tristemente también sobrevivimos a la pasión y a las rutinas, al aburrimiento a las horas eternas que saben a ausencias, sin embargo esa certeza, no nos hace más fuertes, no nos hace invencibles ni nos prepara para sobrevivir a las batallas que nos quedan en nuestras vidas.

Ya no hay fuerzas, las rodillas tiemblan ante las amenazas, la angustia se enrosca en la tripa y sentimos o presentimos que estamos en los últimos momentos, sabemos que el final se acerca, descubrimos la otra cara de las verdades y contrariamente a lo que cabria esperar, - que es que uno se arrepintiese e intentara ser mejor persona en los últimos minutos de la vida - no lo hacemos, al contrario, nos sonreímos ladinamente repasando el pasado y preguntándonos, ¿cómo sobrevivimos a nosotros mismos?

Pero no es desidia o irresponsabilidad, es que no sabemos qué hacer, no sabemos como actuar o como responder a determinadas circunstancias, cada instante, cada situación, cada persona es nueva, única e irrepetible en nuestras vidas y no podemos hacer nada más que disfrutarlas mientras están a nuestro lado y extender los brazos para decirles adiós cuando los mundos se separan y el interrogante vuelve a aparecer: ¿Cómo hicimos para sobrevivir?