En cuanto se detuvo para limpiarse el sudor del rostro la escuchó. Una música oriental entró por sus oídos como hielo líquido encendiendo su sangre. Sin pensárselo dos veces arremetió contra los tambores de su batería con furia renovada hasta que las manos empezaron a sangrarle. Paro para limpiárselas y la música oriental se defendió arremetiendo con más fuerza.
            Sintiendo que los dedos se le caían uno a uno, siguió tocando sin parar, la música oriental se resistía, él retomaba con mayor fiereza las baquetas y en esa lucha musical las víctimas fueron los cristales, los vecinos, las macetas, la noche, el mundo entero se quedó en silencio.