24 de Octubre, 2014, 6:25: GladysGeneral



               Un domingo puede ser muy aburrido, sobre todo en un vecindario nuevo, cuando se tienen muchos años en las espaldas, y el carácter no es muy dado a hablar del tiempo en cuanto se penetra en el ascensor, mientras se mira al techo o al recuadro luminoso rogando llegar cuanto antes a nuestra cueva particular.

              No viene al caso explicar porque Marta se hallaba sola ese domingo, en aquel vecindario rodeado de jardines lindos, y coches aparcados bajo un cielo maravillosamente azul, el caso es que eran las tres de la tarde y las horas parecían haberse adherido a ella formando una especie de coraza rígida rompiendo los huesos de sus costillas.

             Toda su vida embalada por las manos recias de los obreros; diligentemente acomodadas en cajas de cartón marcadas con rotuladores de colores: el amarillo para las cosas de cocina, el azul para las del baño, formando un arco iris de objetos acumulados durante toda su vida… bueno, los que habían sobrevivido a mudanzas, viajes o separaciones.

             Pero las cajas no se iban a marchar de su vida mientras ella salía a estirar las piernas por los alrededores, así, con la indolencia de sus años, se colocó un gorro de lana en la cabeza, que no combinaba para nada con el resto de su ropa, unas botas cómodas, un abrigo de lana casi nuevo. Le gustaban los abrigos de lana, eran caléntitos, suaves y se acomodaban a su cuerpo como un guante.

            Afortunadamente no se encontró con sus nuevos vecinos por las escaleras - se obligó a no tomar el ascensor para fastidio de sus rodillas - salió al portal, caminó bordeando los senderos que los jardineros, muy ordenados ellos, habían demarcado, hasta que sus pies empezaron a desobedecer tanta armonía. Se dejó llevar por ellos mientras la parte superior de su cuerpo se dedicaba ya a aspirar el aroma de las rosas, ya a sentir los rayos del sol sobre su piel tatuada por infinitas pecas en una especie de rebelde pero placentera libertad.

             Caminó un buen trecho, llegó hasta el extremo sur de su conjunto residencial, se sentó en un banco, cerró los ojos negándose a pensar que lo que estaba viviendo quizás era una coma, un punto y coma, incluso puntos seguidos pero jamás dos puntos.

            Sin embargo la vida puso esos dos puntos a sus pies, comiéndole las suelas a sus botas. Se trataba de un papagayo inquieto que raspaba su pico una y otra vez, pensando quizás que esa bota era una roca o un ladrillo, o un trozó de tronco, pero no una mujer aburrida en una tarde de domingo.

              Ella abrió los ojos cuando el pico del papagayo se atrevió con el cuero superior de la bota, con esfuerzo logró reprimir el impulso de saltar lejos de su molestia, gracias a que vio a tiempo, sus plumas rojas y azules brillando al sol.

              No sabía si hablarle o no, nunca había tenido pájaros y no era de las que hablaba a animales, ni a bebés, pero lo dejó hacer. El animal sintió la confianza que se le ofrecía, empezó a ascender por su pierna con dificultad hasta llegar a sus rodillas, luego a su muslo donde se detuvo como temeroso de alcanzar nuevas alturas.

             Ella examinó sus colores, los tonos cambiantes, la longitud de su cuello y esas patas inseguras que de repente apretaban, rasguñaban o, acariciaban, sí, esa era la palabra, esas patas raras acariciaban de una forma muy cálida, casi enternecedora, eso mismo pensó, aunque ella no era muy dada a sensiblerías sin ton ni son.

             Ambos, pájaro y mujer estuvieron juntos en silencio hasta el atardecer, como si se hubieran puesto de acuerdo, en un lenguaje que ni ellos mismos sabían que existían, el papagayo bajó de su pierna, avanzo por el sendero hasta el edificio, ella no quiso saber donde vivía, por eso se fue en dirección contraria.

             Todos los domingos se encuentran. De eso hace ya un año. Ella ha logrado hablar con algunas personas e incluso le han resultado simpáticas, pero nunca contesta cuando le preguntan a donde va todos los domingos por la tarde llevando ese termo y esa bolsa de papel: en el termo hay chocolate, en la bolsa, pan duro.

 

24 de Octubre, 2014, 6:19: GladysGeneral


            Ella me dio un beso y se marchó. Por un instante nuestras pieles se unieron, nuestros calores se fundieron, luego, sin mirarme, giro en redondo envuelta en su vestido de flores mientras sobre ese remolino de tela alzaba la mano diciéndome adiós.

            Yo vi ese ramillete de vida alejarse de la mía por la calle en la madrugada de un día que quiero borrar de mi memoria, me quedé mirando su silueta hasta que me dolieron los ojos y ella se convirtió en recuerdo. Solo, en medio de la calle empezó la agonía, primero fue un dolor de piel desgarrada, después el corazón se estrelló contra el pavimento haciéndose trizas, desperdigando esquirlas a mi alrededor. Me agache a mirarlas con un primigenio impulso de recoger lo que pudiera, pero se habían convertido en briznas de cristal imposibles de volver a juntar.

            Me puse en pie, cerré los ojos para guardar el espectro de colores que me había abandonado y cerré la puerta, de mi casa y de mi vida.

            Ahora estoy solo, vuelvo a estarlo, solo con mis pensamientos, con mis demonios, con los días grises aunque brille el sol, con la lluvia, con mis cigarros, con el frio y el café que no debo tomar por mi salud… eso dicen los que saben de esas cosas.

            Debo aprender a salir de la cama otra vez, debo mirarme al espejo y reconocerme en esas arrugas, en esos puntos rojos sobre las mejillas, en esa ausencia de cabello y de muelas y de ganas de vivir que soy ahora.

             Con los días voy aprendiendo que las rutinas en plural son muy parecidas a las del singular, de hecho, casi no hay diferencias y si uno pone un poquito de su parte, tampoco tienen porque hacerte tanto daño.

            Con ese pensamiento volví a la calle, me preocupaba pasear por mi barrio sin ella, pero este no parece notar su ausencia, está igual, las mismas calles, las mismas sonrisas detrás de los mostradores en las tiendas, los mismos objetos expuestos al sol, faldas que se bambolean cuando un golpe de viento les da de frente, sombreros en amputadas cabezas de cristal que no se cansan de mirar tras los cristales, el mercado sigue lleno de gente, las carnes, los quesos y las frutas coqueteando desde sus estanterías.

           Llego hasta la floristería, veo los girasoles, mis ojos se quedan pegados a sus caras redondas y entiendo, ¡por fin!

            La alegría envuelta en su vestido de flores va y viene cuando le da la gana...

 

24 de Octubre, 2014, 6:10: GladysAlaprima


             360 grados que pueden tener unos veinte centímetros - la medida de sus pies o alcanzar las dimensiones del planeta. Pero no quiere medidas que se puedan alterar, ni  abrazos que se deshagan; no quiere nudos que se desaten, ni labios que se separen de los suyos.

            Quiere un universo redondo, cálido por el que pasen todos los ciclos vitales, quiere que las voces vayan y vuelvan transformándose en diálogos, quiere abrir los ojos y que siga estando allí en ese universo patio del que no quiere salir jamás.

 

24 de Octubre, 2014, 5:55: GladysAlaprima


            Todas las mañanas abre un libro, memoriza la primera palabra que aparece al principio de la página y decide que esa será su historia del día. Claro, a veces tiene problemas con vocablos como sangre o pelos, pero ello reta su imaginación.

            Después se sienta ante el ordenador, combina con las palabras algo dulce, algo cálido, algo ácido, trágico y cuando se siente malvado, un poquito de cinismo… luego toma su café, relee lo escrito, lo escribe en los muros públicos, se despide de ese alguien que solo vive en su imaginación, pero que ama profundamente. Todas creen que les habla al oído.

 


24 de Octubre, 2014, 5:40: GladysHablando de...

            Los demás abstenerse o a rebuscarse el dinero para ir al taller de remodelación, es lo que hay y no podemos quejarnos so pena de ser apartados de la manada.

            Y ahí estamos, usando cuanto nos cae en las manos para cambiar el tono de la piel, alisar el cabello, quitarnos costillas, alargarnos las piernas, inflarnos labios, pechos y culo, consumiendo alimentos mágicos que nos recomiendan en el gimnasio para lucir pectorales y bíceps, engullendo pastillas azules para poder presumir de tener sexo desaforado, pactando con quien sea para conseguir  el dinero necesario hasta alcanzar el estado de "Bellos, Blancos y Brillantes" mientras enriquecemos a unos cuantos.

            Es la estética del siglo XXI, el ideal humano que pasará a la historia como la época en que hombres y mujeres se rebelaron contra su propia naturaleza, poniendo en ello toda su inteligencia y medios para transformarse a si mismos en el modelo impuesto por la estética blanca, bella y brillante.

            Muchas teorías concluyen culpando a la segregación étnica de tal situación, sin embargo, décadas después de abolida, el ideal blanco sigue vigente en el pensamiento humano, continua siendo símbolo de belleza y de inteligencia, relacionado siempre con lo bueno, con el estado ideal a alcanzar.

            Producir blancos es también un negocio muy rentable, muy arraigado en nuestra sociedad y con mucho futuro por delante, aún quedan millones de personas a quienes seducir, economías emergentes empeñadas en afianzarse en el competitivo mundo financiero blanco, muchos ojos rasgados que transformar, muchas piernas que alargar y muchos pectorales que esculpir, hasta que un día  los colores desaparezcan de la faz de la tierra y los seres humanos sean reproducidos en serie como Barbies y Kents, poblando un universo tan blanco como desabrido.


16 de Octubre, 2014, 7:24: GladysHablando de...


          Hacienda vigila cada uno de nuestros movimientos con una lupa gigantesca de alta precisión, de ahí que se haya convertido en ley divina aquello de que "puedes engañar a todo el mundo menos a hacienda".

            Gracias a su labor, el resto de mortales hemos descubierto los agujeros negros por donde se nos escapó el dinero producto de ahorros de toda una vida, o el que nos descuentan de nuestras magras nóminas, bueno los que tengan la suerte de tenerla.

            Cada día nos despertamos con nuevas revelaciones, casi no alcanzamos a cerrar la boca ante el asombro e indignación cuando aparece un nuevo caso de corrupción y evasión fiscal.

            Cuando se trata de dinero el sistema funciona de maravilla, las alarmas  retumban amenazando sus cimientos y poniendo en marcha un protocolo de actuación tan certero y efectivo que ya lo querrían muchos para sí mismos - salud, por ejemplo - para cerrar todos los resquicios por donde se pueda escapar un mísero centavo, y que ningún bolsillo particular se hinche demasiado, incluso cuando ese mismo bolsillo haya sido cosido por el sistema para auto alimentarse con créditos e intereses.

            Se señala la corrupción, se acude a los medios de comunicación para montar el reallity apelando al lado más sensible de los ciudadanos: su economía; se condena en plaza pública a las marionetas que pagaban con las dichosas tarjetas y quizás, si devuelven el dinero o terminen con sus huesos en la cárcel la gente se calme, pero eso será una cortina  más de humo, un paño de agua tibia que necesita de chivos expiatorios para esconder lo que verdaderamente está siendo engullido por este sistema, que como Saturno, alimenta su hambre devorando a sus propios hijos: la educación, la seguridad social, las pensiones, la vivienda y hasta el derecho a ejercer el voto, que parecía inamovible.

            Preguntemonos por un momento, ¿si hacienda no hubiese echado en falta esos dineros, habría tenido tanta resonancia el caso de las tarjetas opacas?

            ¿Por qué no hay tanto revuelo con los recortes a educación, a salud, a vivienda o el empleo?

            Y es que cuando se trata de sus intereses a hacienda Saturno le da igual que sea un pobre desempleado o un magnate que no sabe en qué gastarse los millones de los contribuyentes, el dinero es el dinero.

            Lo social, la educación, la salud el empleo es otra cosa y asunto de otros, no nos llamemos a engaño, a estos pillos, Saturno los ha perseguido por evadir impuestos, no por un súbito sentimiento de honradez y justicia social.