Todas las mañanas abre un libro, memoriza la primera palabra que aparece al principio de la página y decide que esa será su historia del día. Claro, a veces tiene problemas con vocablos como sangre o pelos, pero ello reta su imaginación.

            Después se sienta ante el ordenador, combina con las palabras algo dulce, algo cálido, algo ácido, trágico y cuando se siente malvado, un poquito de cinismo… luego toma su café, relee lo escrito, lo escribe en los muros públicos, se despide de ese alguien que solo vive en su imaginación, pero que ama profundamente. Todas creen que les habla al oído.