Los demás abstenerse o a rebuscarse el dinero para ir al taller de remodelación, es lo que hay y no podemos quejarnos so pena de ser apartados de la manada.

            Y ahí estamos, usando cuanto nos cae en las manos para cambiar el tono de la piel, alisar el cabello, quitarnos costillas, alargarnos las piernas, inflarnos labios, pechos y culo, consumiendo alimentos mágicos que nos recomiendan en el gimnasio para lucir pectorales y bíceps, engullendo pastillas azules para poder presumir de tener sexo desaforado, pactando con quien sea para conseguir  el dinero necesario hasta alcanzar el estado de "Bellos, Blancos y Brillantes" mientras enriquecemos a unos cuantos.

            Es la estética del siglo XXI, el ideal humano que pasará a la historia como la época en que hombres y mujeres se rebelaron contra su propia naturaleza, poniendo en ello toda su inteligencia y medios para transformarse a si mismos en el modelo impuesto por la estética blanca, bella y brillante.

            Muchas teorías concluyen culpando a la segregación étnica de tal situación, sin embargo, décadas después de abolida, el ideal blanco sigue vigente en el pensamiento humano, continua siendo símbolo de belleza y de inteligencia, relacionado siempre con lo bueno, con el estado ideal a alcanzar.

            Producir blancos es también un negocio muy rentable, muy arraigado en nuestra sociedad y con mucho futuro por delante, aún quedan millones de personas a quienes seducir, economías emergentes empeñadas en afianzarse en el competitivo mundo financiero blanco, muchos ojos rasgados que transformar, muchas piernas que alargar y muchos pectorales que esculpir, hasta que un día  los colores desaparezcan de la faz de la tierra y los seres humanos sean reproducidos en serie como Barbies y Kents, poblando un universo tan blanco como desabrido.