Su naturaleza las hace devoradoras de cosas, personas, pensamientos o recuerdos hasta el hartazgo, para luego, a la menor presión, escupirlas de cualquier manera, en cualquier lugar y en el momento menos pensado, sin que se altere su condición primigenia. Eso es buena suerte.

            Sé lo que va a pasar, con fiereza cierro mi mano empapada de las letras de tu nombre bajo la ducha, veo como se desbordan, resbalan por mi cuerpo para finalmente desaparecer por el agujero del desagüe, me he acordado de ti. ¿Por qué será?