Lo hizo todo para ganar el cielo de las piedras. Sí, ellas también lo tienen y muy grande, además sus leyes no son tan complicadas a la hora de las sumas y restas.

        Un día escuchó una conversación entre un par de humanos y pensó que tal vez si los imitara, sus opciones aumentarían. El cielo de ellos parecía un lugar ideal.

        Pasó una eternidad en el zapato de un hombre, convencida de que ese era su cielo, un cielo sin sol, ni luna, ni canto de pájaros, ni árboles parlanchines, ni el oxigeno vital para las piedras. Pero, cielo al fin y al cabo.