Cuando Leonor vio que las palabras esponja del nombre de su amante no se rebelaron a su naturaleza, sino que, al contrario, crecieron al ser tocadas por la lluvia de ducha desbordando sus manos, recorriendo su cuerpo para luego desaparecer por el agujero del desagüe dejándola más sola que antes, incluso de conocerlo, entendió que debía poner un punto final a todo eso.
            Levantó su rostro para sentir el agua en sus párpados, su nariz, sus labios y sus mejillas, se concentró en el golpe y la sensación que producía en su piel y cómo resbalaba por su cuerpo, mientras la resolución tomaba forma en su cerebro desvelada por una luz de ocaso inteligente.             
           La certeza de saberse hiperrrealista no fue solo un rótulo que se colocó en su cuna cuando nació, ni encerraba un secreto significado cuando empezó a descubrir palabras en la escuela, ni a rozar mundos paralelos diferentes  a los suyos. Era más bien un dolor eterno en la tripa y unas ganas de correr hasta que las partículas de su cuerpo se liberaran de sangre, venas, huesos y músculos.

            Las chicas que integraban las escenas de sus primeros años también fueron letras, aunque en ese momento no lo sabía.  Eran letras formando palabras con vida y luz propia, palabras hiperrealistas que dieron alma a seres con sonrisas que partían de labios entreabiertos, enmarcando dientes blancos en primera instancia, para luego, al menor movimiento describir mordiscos sutiles sobre pieles muy blancas. Los ojos dejaban de ser para convertirse en miradas que sugerían rostros inclinados ligeramente sobre el hombro izquierdo desplegando sentimientos desaforados.
        Leonor empezaba a sentir que le faltaba el aire, mientras la lógica se apoderaba de su pensamiento, si las palabras hiperrealistas mutaban de seres humanos para multiplicarse en gestos, miradas, pasiones o sentimientos, provenientes de otras personas no podría ser muy probable que también su cuerpo mutara en gestos, miradas, pasiones o sentimientos que asaltaran a esas personas cuando se estuvieran dando una ducha. ¿No podrían también las letras de su nombre ser palabras esponja para resbalar por el cuerpo de él?