El golpe seco de la puerta al cerrarse despertó más emociones de las usuales y más contradictorias de lo que podía imaginar; una: la rabia producida por una frase malintencionada de su pareja, la otra: la alegría de echar el cierre a una relación, que por más empeño que le ponía, no iba a ninguna parte.

         Y sin embargo algo dulce revoloteaba en su tripa, mezclándose con la tristeza y el enfado. Las dos caras del amor hablaban lenguajes opuestos, una movía sus pies al regreso, la otra la instaba a alejarse de allí. 

        En medio de la indecisión, ganó la certeza de su recién recuperada libertad, aunque dormir sola...