Su sueño se ha cumplido y está feliz con su bebé en brazos, lo cuida, se inventa canciones sólo para ellos dos.  Le regala caricias exclusivas, aunque su esposo a veces se siente celoso, en general es feliz. Él también deseó ese bebé.

              Los contemplo desde mi cómoda posición de muerta invisible, la veo abrir la compuerta del balcón cuando los rayos del sol se deciden a calentar las miserias humanas, veo su silueta desnuda llevando a su bebé en los brazos, apretado contra su pecho, veo como lo acaricia, lo besa y lo deposita sobre el suelo para que el sol caliente su cuerpo. Es tierna esa imagen de una mujer dejando en libertad a su hijo para que su recién estrenada piel reciba el beso del sol.

               Ella lo vigila durante un tiempo y luego lo toma nuevamente en sus brazos.

        Es un bebé diminuto y tiene las extremidades pegadas a su cuerpo. Parece un patito desplumado salido del cascarón antes de tiempo.

            A veces la naturaleza no cumple sus ciclos vitales, quizás algún día sus extremidades se separen del cuerpo. Eso pienso desde mi intuición post morten.