Ella y su coche parecen uno solo. Todos los días recorre su trayecto sin tomar el volante en sus manos. Ambos se mueven por la ciudad con gran agilidad sorteando el tráfico, no importa la hora que sea, las columnas o los transeúntes. Desconoce esa habilidad para sortear obstáculos, sin embargo, no cree que tenga nada especial a pesar del asombro de sus amistades.

            Un día decide hacerles caso, se mira las manos y decide tomar el volante. 

           Pierde el control. Su ruta diaria quedó sembrada de accidentes.