Caes muy despacio, abandonas tu mundo para venir a enredarte entre mis cabellos, besas mis pestañas, juegas sobre mis labios.

            Te dejo hacer, contemplo tu libertad de movimientos, tiemblo al más mínimo contacto mientras tras los cristales la vida continua con sus afanes, la luna cumple su trayecto como cada noche, como siempre ha sido, sola sobre las montañas hasta que una cortina de escarcha la envuelve con su frio aliento.

            Hasta el fin de su naturaleza.

            Ahora es agua fría en mis recuerdos.