Se que andas por ahí, que escalas por los vapores de la ciudad, que viajas en el asiento de atrás de los autobuses, que miras por el retrovisor de tu coche, que llenas los segundos de tus días con las cosas de todo el mundo impregnadas de mi.

             Al llegar la noche, sentado en tu balcón contando estrellas o murmullos de ciudad sientes que te roban besos, que te susurran palabras y te hacen preguntas que podrían ayudar a entender que es lo que está sucediendo.

             No pasa nada y pasa todo en este hiperrealismo que no deja respirar, en días empapados de diluvios eternos, que van corroyendo los talones, encadenando tobillos enfilados hacía la noche definitiva, donde se diluyen los mundos.