Resultado de imagen de borrando los recuerdos

Ahí está, con el cuerpo al lado de su cuerpo, con sus pies haciendo un camino paralelo al suyo, con las venas repletas de sangre inundando valles y estepas.

Todos los días, todas las noches, todos los minutos y todos los segundos se empeñan, los enamorados, en congelar momentos del pasado. A veces se asombran ante una risa de cuatro años sin dientes, o cuentan las velas de cada tarta que aparece en los álbumes, se ríen de los peinados, las modas, los gestos enfurruñados de una juventud desbordada de hormonas.

De los álbumes salen los días, los familiares, los momentos, las risas, los ceños fruncidos o las poses coquetas que llenaron años mutando en cenas de empresa, viajes, paisajes extraños, restaurantes tenuemente iluminados y rostros amorosos, miradas de odio o sabores a besos que se enfriaban en los labios.

Cuando todo eso empezó a amenazar con asfixiarles, se miraron a los ojos, sin mediar palabra empezaron a seleccionarlos. En una columna los que definitivamente se quedaban, aquellos sin los cuales sería muy difícil seguir viviendo, en la otra, los que tal vez tuviesen una segunda oportunidad después de la gran criba y el resto ardía en el fuego de la chimenea, a veces con cierto placer vengativo.

Así son ellos, antes de llenarse de recuerdos empezaron a deshacerse de los que cada uno traía a sus espaldas. Con esa sensación de libertad se fueron a la cama, arrugaron las sábanas con caricias, ahuecaron las almohadas con ilusiones mientras la noche los dejaba hacer.

Cerraron los ojos, cada uno se fue a ocupar su nube particular, mientras algún recuerdo vengativo esperaba pacientemente a que el tiempo hiciera lo suyo.