La vida es ese puzzle de cartón en la palma de la mano, que con el paso del tiempo se ha ido reblandeciendo.

Tal vez el sudor, los nervios, la angustia o la impotencia le obligan a cerrar con fiereza los puños, por eso no se da cuenta que está deshaciendo su vida.

Ahora ocupa sus manos con objetos, dejando el puzzle en el oscuro mundo bolsillo mientras se emborracha y si no tiene alcohol, busca por la calle efectos placebo.

Ultimamente, cuando la ansiedad estremece, sale de casa y se va a un bar. Coloca las piezas de su puzzle sobre la mesa. Bueno lo que queda, solo cuatro pedazos de cartón sepia.