Soledad es el nombre de una mujer, de un barrio, es el matrimonio entre las palabras SOL y EDAD es la metáfora de nuestro sistema solar; soledad, estamos condenados a girar eternamente su alrededor.

Es también un estado de ánimo contradictorio, muchas veces nos desesperamos, la buscamos afanosamente huyendo de nuestras rutinas para poseerla. Cuando lo logramos, la disfrutamos, nos regodeamos en ella, la convertimos en aliada, pero de un momento a otro, la muy ingrata se vuelve en nuestra contra, se convierte en un monstruo que amenaza con devorarnos, saca a relucir sus afilados dientes y nos rasga de arriba a abajo. Soledad, monstruo salido de los pliegues de nuestra piel con el que tenemos que convivir mientras tengamos conciencia de nuestra propia existencia. Cargar con nuestros monstruos y aprovechar sus esporádicas mutaciones en queridas mascotas, parece ser nuestro destino…

Así, nos vemos de nuevo impelidos a buscar la compañía de otros seres humanos, anhelamos otras voces susurrándonos su calor cerquita de nuestras orejas, en esa insensatez, vestimos de añoranza las cosas que nos impulsaron a alejarla.

Soledad es sinónimo de contradicciones, es una mirada llena de interrogantes desde el otro extremo de la mesa, que a veces nos seduce, otras en cambio nos rechaza. Hoy es un rayo gélido en tu mirada, una desviación hacía el vacío, una rendición ante la realidad, una puerta que se cierra, sin embargo, casi simultáneamente, esos mismos ojos de pronto se derriten, se incendian, buscan, parpadean y eliminan distancias.

Sol y edad, siete letras poderosas, siete armas multiplicadoras de comportamientos manejando a su antojo nuestra pobre condición humana, letras que guardan la voluntad sometida por lo que nos queda de vida y quizás, cien años más.