Después de su letargo, las mariposas volaron en grupo hasta la cabeza de la mujer. Allí enredaron sus frágiles patas entre sus cabellos y abrieron perezosamente sus multicolores alas dejando que el viento las ondeara a su antojo toda su eternidad,

 Luego, cayeron una a una a los pies de la mujer alfombrando su camino de delicadas alas muertas.