Enfrentados a nuestra absurda realidad nos vemos cada día preparando  cientos de curriculums para optar a las escasas y vario pintas ofertas de empleo que cazamos mediante ansiosa búsqueda en los periódicos, la red, los avisos en los postes de luz,  en los tablones de las oficinas de empleo, bibliotecas, bares o chiringuitos, amigos, conocidos, amigos de amigos, etc., etc.

 Así las cosas, vamos acumulando tantos tipos de curriculum como ofertas  pillamos, unos sencillos para los trabajos que requieren estudios básicos: freganchines, limpieza de waters, cuidado de niños, de mascotas, ancianos; después están los que corresponden a los empleos medios, como recepcionista - de pequeña y mediana empresa, no sea que nos pidan inglés, bueno y si lo piden, los cursos para desempleados pueden servir,  inglés básico, ¡Good luck!!; secretaria(o), vigilante, encargado de fotocopias, ah, no olvidar el dominio de las redes sociales - a los empresarios les gusta que sepamos dejar una nota en los muros virtuales - en tercer lugar están los que corresponden a nuestros estudios, ya seamos médicos, profesores, diseñadores, dietistas, enfermeros, etc., aquí habrá que incluir cursos de actualización, añadir otro idioma al inglés, publicaciones que hemos realizado en revistas especializadas, perfiles virtuales, especializaciones, masters, además de registrar cualquier cosa que nos pueda ayudar a soportar que somos la octava maravilla en nuestro campo.

 Una vez nuestro ordenador está lleno de tantos modelos de curriculum, procedemos a responder a ciertos anuncios a los cuales podemos acceder y otros, no tan buenos, pero la necesidad obliga, pero, oh sorpresa, ninguno de ellos nos sirve, así que decidimos usar la técnica del cortar y pegar para armar uno a la medida de ese empleo, que además exige una carta de presentación y preguntas personales en las que debemos explicarles porque nos consideramos buenos para el empleo. 

 Con todo este trabajo diario y ante los NO continuados nos vamos arrinconando en un lugar desesperado desde el que contemplamos con horror en lo que se ha convertido nuestra existencia: un continuo aprendizaje de asignaturas, materias, técnicas y métodos, idiomas con fecha de caducidad angustiosamente corta, porque no bien dominamos un campo, éste queda obsoleto y se abre otro, que tenemos que aprender con los mismos resultados, dejándonos la sensación de que para lo único que nos sirven estas especializaciones, es para entretenernos mientras encontramos un trabajo mejor o simplemente, cualquier trabajo, porque aprendemos de todo y no sabemos nada. Dan ganas de mandar todo a… tomar esa bebida que nos anuncian en la tele.