Resultado de imagen de trenes de lego

Es una tarde de otoño. Gris, fría. Llovizna intermitentemente. El corredor del metro se convierte en un paraíso cálido. Dos desconocidos sentados en el anden. La vida pasa vestida de amarillo a toda velocidad.

El hombre desconocido le pide que le hable de su vida.

Ella se pregunta de qué vida querría saber él, la personal, laboral o imaginaria, pero no pronuncio ni una palabra.

Él la miró como si ella fuese una aparición de quien sabe qué mundo lejano. Sus ojos eran hermosos, profundos, rodeados de lucesitas saltarinas que debían saber a chocolate… si pudiera rozarlos con su lengua.

¡Ay! Él estaba pensando en las delicias del chocolate mientras otra parte de su cerebro esperaba la respuesta de la mujer.

¿Le habría entendido?

Ella seguía pensando en escoger modelos de comunicación para crear puentes entre dos cuerpos que esperan sentados en el anden de una estación, donde el tren amarillo hace tiempo partió.

El desea que broten las palabras y que cuando salgan de sus labios, le dejen un espacio a su cerebro para poder deslizar las suyas, como que ella es la mujer más guapa e interesante que ha visto en toda su vida, que lo único que desea es conocerla y subirse a ese tren amarillo que esperan en vano.