Cogió el más grande, lo colocó en la palma de su mano y cerró con fuerza los dedos, sintió como el helado grano se iba deshaciendo con su calor. Cerró los ojos y recordó que algunas veces se ponía a pensar que debería de haber alguna manera de encontrar el camino hacía la concreción.

Nunca estuvo muy convencida de que ese fuera el ideal de vida que deseaba, sin embargo ahora, por primera vez, estaba segura. Lastima que los años de su infancia y adolescencia hubieran sido etéreos, construidos con fantasías. La verdad, estaba cansada de ello.

Ahora quería cosas concretas, huesos a los que tocar, objetos que obstaculizaran el paso, labios que morder.

Sabía que eso implicaba decepciones, pero precisamente ya les había perdido el miedo.