Resultado de imagen de girasoles

Con las tijeras en la mano derecha, a la altura de su agitado pecho, mientras la mano izquierda apartaba un rebelde mechón de pelo, que obstinadamente insistía en cubrir sus ojos, contempló su pequeño jardín, lleno de girasoles.

Un sentimiento de felicidad la invadió, ahí estaba el trabajo, el esmero y el mimo que había dedicado a su pequeño universo.

No eran más que diez hermosos, erguidos y orgullosos girasoles que le ofrecían la alegría de sus caras redondas. Los pelillos del tronco se estremecían con la brisa y sus largas y caprichosas hojas aplaudían su esfuerzo.

En un primer impulsó pensó en arrancarlos y ponerlos en un jarrón, llevarlos dentro, donde ella pasaba las tardes sentada leyendo, para poder acariciarlos de vez en cuando… en fin, vivir con ellos, sin embargo, no lo hizo, los acarició uno por uno, se guardó las tijeras en el bolsillo. Ya bajo la ducha pensó que era una lástima que la gente no fuero un poco como los girasoles.