Vació los bolsillos, los armarios, las cajas e incluso puso los libros de cabeza para vaciar todo su pasado.

Llenó bolsas con la basura de su pasado, las cerró con cinta adhesiva y salió a la calle. Directo al contenedor.

Ya estaba ahí, de pie, colocando su vida empacada esperando a que llegara el camión destructor.

Una sensación de alivio invadió su ser, un viento fresco recurrió el interior de su cuerpo, una última mirada al pasado, una pequeña lágrima que no se atrevió a brotar y un suspiro, despidieron años de experiencias en los que hubo de todo lo que un ser viviente es capaz de sentir al recorrer el plano de su vida.

Ahora, ante una cerveza fría, en una tarde apacible, cuando el sol se está poniendo y mientras contempla unos labios que le sonríen esperando una respuesta al háblame de ti.

Bebe un gran sorbo de cerveza y llama urgentemente a la imaginación, era el único recurso que le quedaba para empezar una nueva vida.