Resultado de imagen de tormentos

Bueno, no crean que fue tan fácil. Pasaron años tenebrosos, años áridos en los que el sol apenas se revelaba detrás de nubes densas y arena en la garganta.

Tampoco en la atmósfera se sentía nada especial, no era noche de luna llena, ni el mar estaba predispuesto a sugerir noches románticas o reveladoras.

¡Que va! Eso es literatura fantástica. Bastó con que apareciera ahí, sin más avisos que la certeza de su presencia en mi vida. Más bien, como si se hubiera cansado de estar ahí, siempre oculto entre los pliegues de mi carne, atormentándome cada vez que le daba la gana, asfixiándome cuando era eso lo que le apetecía o, la mayoría de las veces, haciéndome vomitar los escasos momentos felices de mi vida.

Así son las revelaciones, sobre todo, las de nuestros monstruos, que aparecen cuando menos nos lo esperamos. Y ahí fue cuando lo atrapé.

Era viscoso, pequeño, retorcido y su voz taimada helaba la sangre. A cada movimiento de su asqueroso cuerpo exhumaba maldad humedeciendo todo a su paso.

La fuerza de mi mano y la certeza de su presencia me produjeron alivio. Yo lo había capturado, ahora yo era la vencedora, ahora era yo quien se imponía.

No más demonio, no más miedo, ni asfixias.

Ahora debía pensar en cómo eliminarlo, cómo hacerlo desaparecer para siempre, pero, ¿cómo matarlo sin morir yo?