Resultado de imagen de cafes en terrazas

La espera sentado para verla llegar. Siempre acude con media hora de anticipación para saborearla, pensarla, imaginar que precisamente en ese momento, ella estará cerrando la puerta de su casa con expresión seria, pero con ese brillo especial en los ojos, meterá las llaves en su bolso, mirará el reloj para contar los minutos antes del encuentro. Tal vez. Eso no es muy seguro.

Luego emprenderá el camino desde su mundo hasta el de él.

En esos instantes los dos se están pensando, están conectados por el tiempo de su cita, una cita más, un beso en la mejilla, una mirada que intentará romper barreras de incomunicación. Algunas veces lo logran, otras no hay tanta suerte.

Al cabo de unos minutos las evocaciones se evaporaran para absorber realidades, él verá su cabeza emergiendo por el hueco de la escalera, verá como su silueta se recorta finalmente sobre el paisaje, como el viento ondeará su falda y sus pies le llevarán hasta él.

También se da cuenta de que otros hombres la miran, algunos se atreven a seguirla con los ojos; ella no se da cuenta, no mira a nadie, sólo se acerca y le da un beso en la mejilla. Con eso le basta.