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La carne tensa. Todas sus infinitas ramificaciones, sus venas, sus nervios, los hilos rojos o blancos se apelmazan hasta compactarse en un tríceps de considerables dimensiones.

La carne apretada forma un paisaje infinito y para ayudarnos a identificar - ella sabe de nuestra imperiosa necesidad de ponerle nombre a todo lo que nos rodea - así, en algunas zonas se llama bíceps o pectoral - vaya a saber de dónde saca esos nombres - El caso, es que ella, la carne, a veces se aprieta, otras se retuerce, se moldea, sube o baja a su antojo hasta que un día, el pobre ser humano, cansado de tal absurdo, capitula, baja los brazos, cierra los ojos y deja en sus manos su voluntad. Su poder de elección.

Se acuesta de espaldas en una plataforma de acero cubierta de cubos de hielo y punto final.

Hace su entrada en ese espacio de humo blancuzco, todo se desvanece, pierde perspectiva. Todo empieza a ser, como debe ser.

Ese es el único triunfo que dura toda la vida.