27 de Julio, 2016, 13:43: GladysGeneral


Ella conoció la tristeza en los reflejos de ese espejo manchado de humedad encontrado en el desván.

Cada mancha era una desgracia, un silencio, un abandono inmortalizado en el tiempo y también un beso, una caricia, unas palabras susurradas.

Encontró la fugacidad en el espejo que llevaba en su bolso y eso la llenó de angustia. No había posibilidad de atesorar el placer, el calor o el sabor de las cosas dulces o amargas de la vida en ese espejo inquieto, antes de que desaparecieran. Claro, podría intentar un atisbo de permanencia, si se apresuraba a cerrar el estuche de maquillaje antes de despertar las emociones. Decidió probar.

Con las manos temblorosas oprimió la caja y las tapas del estuche se separaron unos milímetros. El corazón le dio un vuelco pero continuó abriéndolo, se dio cuenta de que estaba un poco sucio - por más que la publicidad hable de polvos compactos, siempre se esparcen por todas partes. Ya decidida, lo abrió completamente, lo limpió con la palma de su mano y se miró. Se concentró en sus ojos, al principio le pareció que eran diferentes a los que tenía registrados en su cerebro, luego la boca, la nariz, pero no terminaba de parecerse.

Ahí estaban sus rasgos en la luna llena del espejo y aunque aún no los reconocía, le dejaban una cierta certeza de pertenencia.

Probó entonces con uno de cuerpo entero, se contempló sin prisas, en cada miembro, en cada vena, en cada arruga encontraba su vida, su pasado, presente y probablemente su futuro; todo un complejo etéreo que tenía pretensiones de hacerse palpable… por intentarlo.

Ya no eran sólo unos ojos con un recuerdo, ni venas azules transportando el amor, ni el tiempo arrugado de sus experiencias, era una boca, unos ojos, unas manos, unos hombros con todo lo anterior incluido. Verlo ahí compacto, firme y estático, como una fotografía en papel, ocupando un lugar en el mundo, un espacio en su cuarto le tranquilizó, a menos que, lo soltara y éste estallara sobre el piso...



27 de Julio, 2016, 13:31: GladysGeneral

Cuando cayó el reseco capullo al lado de su cuerpo, sus pies apartaron los trozos de piel muerta con un gesto mecánico. Su cerebro estaba lleno de luces de colores como el azul, verde, amarillo, violeta mezclándose sin definir limites.

También el piso estaba inundado de cantos de pájaros, sonidos de agua saltando sobre las piedras.

Las manos recorrían la piel, avanzaban sobre toscas superficies a veces, otras en cambio eran suaves, húmedas, secas, tibias, frías o calientes.

En su boca descubrió el dulce, la sal, lo blando, lo duro, lo agrio, lo ácido.

Una cosa le extrañaba, algo parecido a un fantasma se le introducía por la nariz. Probó a tapársela y logró detenerlo por un tiempo, pero empezó a perder fuerza y conciencia, así que se rindió y dejó que el fantasma visitara su nariz.

¿Y después qué vendría?

¿Qué pasaría cuando su pie izquierdo se colocara en frente del derecho, alternándose una y otra vez? ¿Dónde le llevarían? ¿Era eso lo que llamaban libertad?

27 de Julio, 2016, 13:28: Gladysminirelatos


Sonríe como le enseñaron los maestros, baja un poco los párpados y cuenta hasta diez antes de hablar. Escoge las palabras apropiadas y en cuanto puede se escabulle para estar unos segundos a solas.
Ultimamente le ocurre esto con bastante frecuencia. Las palabras que salen de las bocas de los humanos caen como cadáveres rotos sobre mullidas alfombras de todos los colores.
En sus momentos más pesimistas cree que este es solo en principio de lo que va a suceder más adelante.
Mira con angustia por la ventana y decide salir por ella, elevarse hasta el ombligo de la luna mientras va pensando en qué va a hacer.

27 de Julio, 2016, 13:14: Gladysminirelatos


Guardó los recuerdos entre las aguas, colgó las ilusiones en las ramas de los árboles, abandonó su cuerpo a los remolinos.
Perdió peso, rompió cadenas, hizo trizas la educación y empezó a flotar.
Su cuerpo era una hoja que subía y bajaba a capricho de las olas. El mundo era, a veces azul, nítido y dorado, otras, azul lechoso.
El mundo era un ombligo calentito, un abandono sutil, el mundo no era como había soñado, pero era parte de sus sueños y eso estaba bien.
Línea de plantas, ciudad amada, tiempo detenido en relojes de arena, música emanando de su cuerpo, ¿para qué más?
Ese era su río azul.