Guardó los recuerdos entre las aguas, colgó las ilusiones en las ramas de los árboles, abandonó su cuerpo a los remolinos.
Perdió peso, rompió cadenas, hizo trizas la educación y empezó a flotar.
Su cuerpo era una hoja que subía y bajaba a capricho de las olas. El mundo era, a veces azul, nítido y dorado, otras, azul lechoso.
El mundo era un ombligo calentito, un abandono sutil, el mundo no era como había soñado, pero era parte de sus sueños y eso estaba bien.
Línea de plantas, ciudad amada, tiempo detenido en relojes de arena, música emanando de su cuerpo, ¿para qué más?
Ese era su río azul.