Cuando cayó el reseco capullo al lado de su cuerpo, sus pies apartaron los trozos de piel muerta con un gesto mecánico. Su cerebro estaba lleno de luces de colores como el azul, verde, amarillo, violeta mezclándose sin definir limites.

También el piso estaba inundado de cantos de pájaros, sonidos de agua saltando sobre las piedras.

Las manos recorrían la piel, avanzaban sobre toscas superficies a veces, otras en cambio eran suaves, húmedas, secas, tibias, frías o calientes.

En su boca descubrió el dulce, la sal, lo blando, lo duro, lo agrio, lo ácido.

Una cosa le extrañaba, algo parecido a un fantasma se le introducía por la nariz. Probó a tapársela y logró detenerlo por un tiempo, pero empezó a perder fuerza y conciencia, así que se rindió y dejó que el fantasma visitara su nariz.

¿Y después qué vendría?

¿Qué pasaría cuando su pie izquierdo se colocara en frente del derecho, alternándose una y otra vez? ¿Dónde le llevarían? ¿Era eso lo que llamaban libertad?