Resultado de imagen de habitaciones en ruinas

         Un día igual, calcado, repetido a todos los días de tu vida, de tu despertar a esas cosas que ya te sabes de memoria.

            Manos abiertas, pensamientos fugaces, sombras que se van o se esconden entre los pliegues de las sábanas.

            Un cuadro torcido, levemente inclinado unos grados a la izquierda, otro abombado por el calor de la habitación y la llama de una vela blanca parpadea entre las piernas de unos pantalones que cuelgan muertos.

            En el espejo se refleja la rendición total. Alguien dijo que ya no quería seguir sufriendo, alguien dijo, basta ya.

            Cierra los ojos, abre las manos y déjalo libre.

            No entres más a esa habitación que ya no guarda nada para ti, donde lo poco que había se pudrió o se convirtió en polvo. Allí solo hay olor a moho y tristeza con sabor a abandono.

            Recoge tus huesos, junta tus plumas, cubre la herida con una venda limpia y vete de ahí.

            No lleves nada en los bolsillos, por livianas que sean las plumas del pasado, con el correr de los días se convierten en anclas de hierro. Vete ya.