Resultado de imagen de libros abiertos

 

            Estaba emocionada con el libro. Cosas como esas la hacían creer que existía alguien, en algún lugar del universo, que de pronto con mover unos cuantos hilos terminaba dándole un giro de 180 grados a la realidad de los seres humanos. Otros lo llamaban suerte, unos más, coincidencia… cuando se trata de poner nombre a lo desconocido, los hombres se superan a sí mismos.

            Lo importante era que por fin había encontrado el libro que llevaba tanto tiempo  buscando. Y sí. Ahí estaba en la primera estantería de la biblioteca pública - sección novela extranjera - coqueteándole descaradamente.

            Leyó el título y sintió que la columna se le helaba, ¿ese título? ¿por qué le era tan familiar? - pensó - podría ser que ya hubiese leído alguna reseña, o alguien se lo hubiese comentado.

            Raro.

            Pero feliz con su posesión y el plazo para disfrutarlo, salió del viejo edificio, se encaminó hasta su casa, eludiendo una película muy interesante, la llamada de una amiga al móvil y la atmósfera que reinaba en su terraza favorita, con sus parasoles blancos y llena a rebosar. Ahí, los talones titubearon un poco. Logró ser firme y continuó su camino a casa, paladeando el placer de leer a su autor favorito.

            Una vez cerrada la puerta del salón, fue a la cocina, preparó su café, volvió con la taza humeante, sacudió el cojín para acomodar su espalda y se sentó en el sofá.

            ¿Leer o no el prólogo?

            No lo hizo. Ojeo el interior y al azar leyó párrafos que iban despertando en ella sensaciones demasiado conocidas y angustiosas, en primer lugar, el sudor de las manos, luego el temblor de sus dedos que movían el libro impidiéndole leer bien y por supuesto concentrarse.

            La incomodidad iba en aumento, el sofá parecía haberse vuelto de piedra, el cojín se desinflaba descompensando el equilibrio de su columna. Luego, millones de bichitos negros ascendían desde sus tobillos hasta la entrepierna. Se puso en pie de un salto y lanzó el libro lejos. Bebió un poco de agua hasta conseguir calmarse un poco.

            Desde su altura lo miró. Había caído abierto por una página doblada en la esquina izquierda. Se agachó, la leyó de un tirón.

            Ahí estaban las palabras clave, ahora su cuerpo y su mente se abrían. Una sonrisa extraña movió sus labios, la respuesta, curiosamente era una pregunta de la cual siempre había tenido conocimiento.

            A su cabeza llegaron las escenas de su vida personal que también la habían decepcionado alguna vez.