Resultado de imagen de submarino

Cuando ella me dijo se acabó, no me lo creí. Mientras hablaba yo trataba de meterme en su cerebro a través de sus lindos ojos, quería navegar por sus venas, llegar hasta su cerebro, después de pasar por su corazón, claro y una vez estuviera entre sus neuronas, arrancar aquella decisión de su cabeza, borrar lo malo de mi y seguir como hasta ahora, o mejor, si fuera posible.

Me estaba abandonando y yo tenía pánico. Nunca más la tendría en mis brazos, ni en mi cama, nunca más escucharía su risa, ni el gesto de su mano al tocarse los cabellos, no más sus libros esparcidos debajo de la cama, ni sus vestidos en el armario, ni sus pendientes en la mesa de noche.

Dolía mucho, - le parecerá a usted cursi - pero me dolía de una forma insoportable, creo que entré en coma porque no abrí la boca, no dije una sola palabra, ni pedí una explicación. Mi cuerpo sentado a la mesa de aquel bar se independizó de mi y yo, mi ser, mi conciencia era un submarino que vagaba por las venas de mi novia en busca de lo perdido.

No llegué a su cerebro, desde luego, ella se levantó y salió del bar.

Suspiré, miré la cerveza, observé los aros que dejaba el vaso sobre la superficie de la mesa mientras los trozos de mi vida estallaban destrozando todo en cien metros a la redonda.

Ya lo superé. No le quiero contar a usted cuánto tiempo me llevó, creo que a sus lectores no le interesaría.

 

            El chico se cubrió el rostro con las manos.

 - ¿Hay algo más?

 

- Sí. Todos los sábados me meto en la ducha con ella. ¿Es idiota verdad? Sobretodo porque ella ya no me importa, la he olvidado, pero todos los sábados, nunca un domingo o cualquier otro día de la semana, ella se baña conmigo, nos abrazamos mientras el agua resbala por nuestros cuerpos y cantamos Back to black - el chico estalla en carcajadas - no me sé la letra, pero la inventamos desafinando cada sábado.