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… nos decía el autor en su inolvidable Rayuela, ¿se acuerdan? Qué emocionante es enamorarse, sentir vértigo, dolor de barriga y despertarse con el corazón en la mano mientras el cerebro inventa cómo eliminar segundos hasta el momento de ver al ser amado.

Cuánto se ha escrito, se escribe y se escribirá sobre ese sentimiento; pasado, presente y futuro del universo, cómo han cambiado las formas de expresión, las palabras, los códigos mediante los cuales mandamos mensajes al objeto de nuestra adoración, y sin embargo, los dolores de barriga,  los nervios y los sudores en la palma de la mano, siguen siendo tan antiguos como el hombre.

El amor tiene doble filo, nos hace cursis, reduce nuestra inteligencia, puede actuar como escudo o lanza, es el aliento que nos lleva a extremos insospechados o nos reduce a sombras lánguidas con la vista en el vacío mientras el tiempo pasa y los días van cayendo a nuestro lado, a veces, sobrevivimos a la enajenación gracias a esfuerzos heroicos, sin embargo no dejamos de sentirnos en un campo de guerra, de un lado el amor, del otro, todo  lo demás, no importa quien gane la partida, nosotros siempre perderemos, porque tarde o temprano el amor o su ausencia, se hará sentir con toda su fuerza.

 

Lo que si es cierto, es que no podemos olvidarnos de él por mucho tiempo  y menos ahora que el tiempo parece haberse acelerado vertiginosamente. Hasta hace unos años, en agosto empezábamos a ver corazones en las tiendas, cintas de color rojo, rosas en los maceteros, tarjetas con ositos, perritos, palomas sosteniendo corazones, flores, caritas felices y una larga serie de dibujos rebosantes de amor; ahora es en febrero, cuando apenas nos estamos curando de la resaca del fin de año, vienen y nos atacan las fiebres de ese sentimiento, pues no pudieron esperar hasta el noveno mes, y aquí nos hallamos otra vez inmersos en esa nube rosa y azucarada del amor, los que tienen pareja, haciendo planes para celebrar ese día de la forma más original posible y los que no la tienen también, pero sus planes dibujan escenas con la cabeza metida en agujeros insonoros, se acopian de reservas de oxigeno, de soporíferos líquidos, de mundos cerrados para poder sobrevivir a ese San Valentin, y a veces lo logran, sin embargo la victoria es pasajera… aún queda septiembre.

 

            Menos mal que siempre nos queda Cortázar: …" Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos."…(*)

 

(*) capítulo 93 - Rayuela - Julio Cortázar.