Resultado de imagen de destino

Esa que se acostó contigo anoche, no es la misma que te sonríe mientras bebes tu primer café.

No nos engañemos, tu tampoco eres el mismo.

Algo debió pasar en la noche, nuestros sueños se desparramaron por la habitación cuando cerramos los ojos y abandonamos nuestros cuerpos.

Yo imaginé tu maquinilla de afeitar sobre el lavamanos, los pelos de tu barba mirándome desde la porcelana y me gustó Una sonrisa asomó a mis labios y un cálido estremecimiento erizó mi piel.

Cuando volvía de la cocina, al atravesar el pasillo vi mi cuerpo desnudo reflejado en el espejo, esa era - soy - yo pero al mismo tiempo que adquiría la certeza de querer ver tus calzoncillos tirados sobre el piso, al borde de la cama y tus camisetas secándose al sol, la daga fría de la realidad me grito que jamás podría ser.

Me dieron ganas de comerte a besos y patear a la vida - sí, todo al mismo tiempo - Supongo que a ti también te pasó lo mismo.

A lo mejor, durante la noche te despertaste, me viste dormida, te fijaste en el movimiento de mis párpados persiguiendo sueños y aunque recorrías mi piel el cerebro se te llenaba de nubes negras.

Si me hubieras despertado quizás habría podido soplar con fuerza para alejarlas, pero las nubes negras se cebaron contigo, te helaron el corazón y te empujaron a echarme de tu lado.

Con el corazón roto en las manos voy bajando las escaleras mientras me pregunto ¿por qué los sueños fueron tan crueles con nosotros?