Artículos y anotaciones generales

26 de Diciembre, 2016, 6:27: GladysGeneral

Resultado de imagen de mesa de poker ilustrada

Nunca le había pasado y por eso no sabía cómo actuar ante tal situación. tampoco poseía los secretos del juego, ni era diestro en estrategias; lo único que sabía era que le hubiese gustado tener el don de retroceder en el tiempo para no haber dado ese paso. Lamentaba haber aceptado jugar con tahures expertos. Sí, fue una temeridad, pero ya no había marcha atrás.

Ante sí tenía dos opciones - retirarse o seguir -  claro, ninguna de ellas era muy halagüeña.

Con esas elucubraciones intentaba ganar tiempo, miraba a los ojos a los contendientes evitando demostrar su ignorancia e imaginando que de sus ojos salían dos taladros invisibles que tenían el poder de perforar la barrera tras la cual escondían su juego, cualquier truco era válido para disimular el  pánico que sentía; además del taladro en su mente emergieron viejos trucos aprendidos en otras lides, los examinaba uno por uno tomándose su tiempo, cuando en realidad debería estar pensando en la siguiente jugada y analizando sus posibilidades.

Tendría que centrarse, no estaba en un escenario imaginario, lo real era un cuarto a media luz lleno de hombres ladinos dispuestos a ganar a cualquier precio. El tiempo jugaba en su contra, tarde o temprano se rendiría irremisiblemente en un charco de humillación pestilente.

Dejó de mirar a sus rivales, se centró en las cartas que tenía en sus manos. La cosa no pintaba bien. No tenía nada. Nada.

¿Debía abandonar?

Quizás era el momento de hacerlo, pero tampoco tenía el valor. Estaba haciendo el ridículo, bajó la cabeza. Sí. Se rendía, dejó las cartas sobre la mesa con los estremecimientos propios del moribundo.

Miró a los demás. Estatuas insensibles ante su derrota, sin embargo ellos si que habían sabido mantener el tipo hasta el final, aunque en esos ojos de piedra, en el último instante él vio que ellos tampoco tenían nada, pero ese descubrimiento no lo hizo feliz.

26 de Diciembre, 2016, 6:04: GladysGeneral

Resultado de imagen de mundos marinos

Si, me sigue gustando Amy Winehouse. Ahora los sábados en la mañana voy a la piscina y me hago trescientos metros… y la sigo cantando a cada brazada. Ah y he cambiado el aroma de mi gel de baño.

 

21 de Noviembre, 2016, 4:35: GladysGeneral

No, nunca cambié la canción. Back to Black seguía con nosotros los sábados en la ducha, pero terminé aprendiéndome la letra en ingles:
"He Left No Time To Regret
Kept His Dick Wet
With His Same Old Safe Bet
Me And My Head High
And My Tears Dry
Get On Without My Guy
You Went Back To What You Knew
So Far Removed From All That We Went Through
And I Tread A Troubled Track
My Odds Are Stacked
Ill Go Back To Black
We Only Said Good-bye With Words…"
Eran largos y cálidos baños, el espejo se empañaba y mi piel enrojecía bajo la ducha caliente. Un poco rutinario a decir verdad porque nunca cambiaba nada, quería que todo fuese igual, que cada detalle se repitiera una y otra vez como la primera. Usaba el mismo gel, la misma toalla, la misma esponja y le revolvía los cabellos como siempre. Ese gesto era fascinante,  como un embrujo que yo conjuraba cada sábado. Su cabello era increíblemente lindo, suave, brillante y yo quería, no sé cómo explicárselo, ¿apoderarme de eso?
Tal vez, por ahí van los hechos. Recuerde que ya no la amaba, pero el brillo de su cabello. ¡Ufff!

19 de Octubre, 2016, 11:03: GladysGeneral
Resultado de imagen de submarino

Cuando ella me dijo se acabó, no me lo creí. Mientras hablaba yo trataba de meterme en su cerebro a través de sus lindos ojos, quería navegar por sus venas, llegar hasta su cerebro, después de pasar por su corazón, claro y una vez estuviera entre sus neuronas, arrancar aquella decisión de su cabeza, borrar lo malo de mi y seguir como hasta ahora, o mejor, si fuera posible.

Me estaba abandonando y yo tenía pánico. Nunca más la tendría en mis brazos, ni en mi cama, nunca más escucharía su risa, ni el gesto de su mano al tocarse los cabellos, no más sus libros esparcidos debajo de la cama, ni sus vestidos en el armario, ni sus pendientes en la mesa de noche.

Dolía mucho, - le parecerá a usted cursi - pero me dolía de una forma insoportable, creo que entré en coma porque no abrí la boca, no dije una sola palabra, ni pedí una explicación. Mi cuerpo sentado a la mesa de aquel bar se independizó de mi y yo, mi ser, mi conciencia era un submarino que vagaba por las venas de mi novia en busca de lo perdido.

No llegué a su cerebro, desde luego, ella se levantó y salió del bar.

Suspiré, miré la cerveza, observé los aros que dejaba el vaso sobre la superficie de la mesa mientras los trozos de mi vida estallaban destrozando todo en cien metros a la redonda.

Ya lo superé. No le quiero contar a usted cuánto tiempo me llevó, creo que a sus lectores no le interesaría.

 

            El chico se cubrió el rostro con las manos.

 - ¿Hay algo más?

 

- Sí. Todos los sábados me meto en la ducha con ella. ¿Es idiota verdad? Sobretodo porque ella ya no me importa, la he olvidado, pero todos los sábados, nunca un domingo o cualquier otro día de la semana, ella se baña conmigo, nos abrazamos mientras el agua resbala por nuestros cuerpos y cantamos Back to black - el chico estalla en carcajadas - no me sé la letra, pero la inventamos desafinando cada sábado.

5 de Septiembre, 2016, 6:30: GladysGeneral
Resultado de imagen de colillas en la calle

            La ciudad también se había rendido, las ventanas cerradas con sus párpados de madera apretados y los portales sellados por la nieve.

            Y sin embargo el vaho tibio de su aliento se eleva por los aires. A pesar de ello, o quizás por ello, ese días las cosas y las personas habían crecido hasta alcanzar unas dimensiones descomunales.

            Las rejas de las alcantarilla parecían vallas de inmigración, los cigarrillos se deshacían entre el indice y el corazón, las tapas de las botellas de cerveza, eran ahora naves espaciales posadas sobre le frio y húmedo asfalto.

            La fantasía de la guerra de los mundos se había hecho realidad instalándose en la calle, frente a su casa, en ese momento que nadie se atrevería a afirmar si era día o noche.

            Se moría por un cigarrillo, extrañaba ese fuego quemándole la lengua, pero ya no quedaba ni uno, ni siquiera una colilla a medio terminar.

            Podría pensar en otra cosa, ese siempre había sido un buen truco para despertar.

            No, no valía la pena, eso era lo que había hecho toda la vida para no sufrir.

5 de Septiembre, 2016, 6:23: GladysGeneral
Resultado de imagen de libros abiertos

 

            Estaba emocionada con el libro. Cosas como esas la hacían creer que existía alguien, en algún lugar del universo, que de pronto con mover unos cuantos hilos terminaba dándole un giro de 180 grados a la realidad de los seres humanos. Otros lo llamaban suerte, unos más, coincidencia… cuando se trata de poner nombre a lo desconocido, los hombres se superan a sí mismos.

            Lo importante era que por fin había encontrado el libro que llevaba tanto tiempo  buscando. Y sí. Ahí estaba en la primera estantería de la biblioteca pública - sección novela extranjera - coqueteándole descaradamente.

            Leyó el título y sintió que la columna se le helaba, ¿ese título? ¿por qué le era tan familiar? - pensó - podría ser que ya hubiese leído alguna reseña, o alguien se lo hubiese comentado.

            Raro.

            Pero feliz con su posesión y el plazo para disfrutarlo, salió del viejo edificio, se encaminó hasta su casa, eludiendo una película muy interesante, la llamada de una amiga al móvil y la atmósfera que reinaba en su terraza favorita, con sus parasoles blancos y llena a rebosar. Ahí, los talones titubearon un poco. Logró ser firme y continuó su camino a casa, paladeando el placer de leer a su autor favorito.

            Una vez cerrada la puerta del salón, fue a la cocina, preparó su café, volvió con la taza humeante, sacudió el cojín para acomodar su espalda y se sentó en el sofá.

            ¿Leer o no el prólogo?

            No lo hizo. Ojeo el interior y al azar leyó párrafos que iban despertando en ella sensaciones demasiado conocidas y angustiosas, en primer lugar, el sudor de las manos, luego el temblor de sus dedos que movían el libro impidiéndole leer bien y por supuesto concentrarse.

            La incomodidad iba en aumento, el sofá parecía haberse vuelto de piedra, el cojín se desinflaba descompensando el equilibrio de su columna. Luego, millones de bichitos negros ascendían desde sus tobillos hasta la entrepierna. Se puso en pie de un salto y lanzó el libro lejos. Bebió un poco de agua hasta conseguir calmarse un poco.

            Desde su altura lo miró. Había caído abierto por una página doblada en la esquina izquierda. Se agachó, la leyó de un tirón.

            Ahí estaban las palabras clave, ahora su cuerpo y su mente se abrían. Una sonrisa extraña movió sus labios, la respuesta, curiosamente era una pregunta de la cual siempre había tenido conocimiento.

            A su cabeza llegaron las escenas de su vida personal que también la habían decepcionado alguna vez.

27 de Julio, 2016, 13:43: GladysGeneral


Ella conoció la tristeza en los reflejos de ese espejo manchado de humedad encontrado en el desván.

Cada mancha era una desgracia, un silencio, un abandono inmortalizado en el tiempo y también un beso, una caricia, unas palabras susurradas.

Encontró la fugacidad en el espejo que llevaba en su bolso y eso la llenó de angustia. No había posibilidad de atesorar el placer, el calor o el sabor de las cosas dulces o amargas de la vida en ese espejo inquieto, antes de que desaparecieran. Claro, podría intentar un atisbo de permanencia, si se apresuraba a cerrar el estuche de maquillaje antes de despertar las emociones. Decidió probar.

Con las manos temblorosas oprimió la caja y las tapas del estuche se separaron unos milímetros. El corazón le dio un vuelco pero continuó abriéndolo, se dio cuenta de que estaba un poco sucio - por más que la publicidad hable de polvos compactos, siempre se esparcen por todas partes. Ya decidida, lo abrió completamente, lo limpió con la palma de su mano y se miró. Se concentró en sus ojos, al principio le pareció que eran diferentes a los que tenía registrados en su cerebro, luego la boca, la nariz, pero no terminaba de parecerse.

Ahí estaban sus rasgos en la luna llena del espejo y aunque aún no los reconocía, le dejaban una cierta certeza de pertenencia.

Probó entonces con uno de cuerpo entero, se contempló sin prisas, en cada miembro, en cada vena, en cada arruga encontraba su vida, su pasado, presente y probablemente su futuro; todo un complejo etéreo que tenía pretensiones de hacerse palpable… por intentarlo.

Ya no eran sólo unos ojos con un recuerdo, ni venas azules transportando el amor, ni el tiempo arrugado de sus experiencias, era una boca, unos ojos, unas manos, unos hombros con todo lo anterior incluido. Verlo ahí compacto, firme y estático, como una fotografía en papel, ocupando un lugar en el mundo, un espacio en su cuarto le tranquilizó, a menos que, lo soltara y éste estallara sobre el piso...



27 de Julio, 2016, 13:31: GladysGeneral

Cuando cayó el reseco capullo al lado de su cuerpo, sus pies apartaron los trozos de piel muerta con un gesto mecánico. Su cerebro estaba lleno de luces de colores como el azul, verde, amarillo, violeta mezclándose sin definir limites.

También el piso estaba inundado de cantos de pájaros, sonidos de agua saltando sobre las piedras.

Las manos recorrían la piel, avanzaban sobre toscas superficies a veces, otras en cambio eran suaves, húmedas, secas, tibias, frías o calientes.

En su boca descubrió el dulce, la sal, lo blando, lo duro, lo agrio, lo ácido.

Una cosa le extrañaba, algo parecido a un fantasma se le introducía por la nariz. Probó a tapársela y logró detenerlo por un tiempo, pero empezó a perder fuerza y conciencia, así que se rindió y dejó que el fantasma visitara su nariz.

¿Y después qué vendría?

¿Qué pasaría cuando su pie izquierdo se colocara en frente del derecho, alternándose una y otra vez? ¿Dónde le llevarían? ¿Era eso lo que llamaban libertad?

17 de Junio, 2016, 6:56: GladysGeneral


A él le gustaban las flores, lo enloquecían, lo transportaban a paraísos donde el placer era el rey y nada malo podía sucederle en esa Itaca que su cerebro creó entre los pétalos de ellas.

Todos los días planeaba su ruta, consultaba su agenda particular, organizaba excursiones para ir a buscar las más bellas, más exóticas o raras para tomarlas y dormirse a su  lado.

Otras veces, las menos para pesar suyo, sucedía que eran ellas quienes lo seducían desde sus jarrones propios. Y ese instante era la guinda de sus placeres.

Si alguien le preguntaba por qué le gustaba vivir rodeado de flores, él respondía que ello obedecía a una falta de belleza en los inicios de su vida - ya larga -.

En el fondo, su Itaca se hundía y él lo sabía, pues estaba llena de recovecos oscuros, que, cuando se sentía con valor inspeccionaba minuciosamente.

En uno de ellos encontró una flor de loto, en el segundo una orquídea, en el tercero un anturio, en el cuarto una flor de mundo, luego margaritas, azaleas, girasoles, pensamientos e incluso dientes de león, tan frágiles y abundantes para contrarrestar.

No había nada más, sólo flores y no sabía qué hacer con ellas, pues no era capaz de escoger. En un desesperado intentó las cortó, formó un ramillete y volvió a su casa.

Buscó entre sus armarios inútilmente. No tenía un cuenco donde ponerlas.


19 de Mayo, 2016, 7:12: GladysGeneral
Resultado de imagen de tormentos

Bueno, no crean que fue tan fácil. Pasaron años tenebrosos, años áridos en los que el sol apenas se revelaba detrás de nubes densas y arena en la garganta.

Tampoco en la atmósfera se sentía nada especial, no era noche de luna llena, ni el mar estaba predispuesto a sugerir noches románticas o reveladoras.

¡Que va! Eso es literatura fantástica. Bastó con que apareciera ahí, sin más avisos que la certeza de su presencia en mi vida. Más bien, como si se hubiera cansado de estar ahí, siempre oculto entre los pliegues de mi carne, atormentándome cada vez que le daba la gana, asfixiándome cuando era eso lo que le apetecía o, la mayoría de las veces, haciéndome vomitar los escasos momentos felices de mi vida.

Así son las revelaciones, sobre todo, las de nuestros monstruos, que aparecen cuando menos nos lo esperamos. Y ahí fue cuando lo atrapé.

Era viscoso, pequeño, retorcido y su voz taimada helaba la sangre. A cada movimiento de su asqueroso cuerpo exhumaba maldad humedeciendo todo a su paso.

La fuerza de mi mano y la certeza de su presencia me produjeron alivio. Yo lo había capturado, ahora yo era la vencedora, ahora era yo quien se imponía.

No más demonio, no más miedo, ni asfixias.

Ahora debía pensar en cómo eliminarlo, cómo hacerlo desaparecer para siempre, pero, ¿cómo matarlo sin morir yo?


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