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Publicado el 14 de Junio, 2008, 7:22.
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En la negra noche
mi rostro había tomado el lugar de la luna
mi mismo rostro
mis ojos
la misma curvatura de los labios
la redondez de los pómulos
la ondulación de la barbilla.
Sin embargo
los cabellos no terminaban de acomodarse
parecían tener vida propia.
Por: Selvática
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Publicado el 30 de Mayo, 2008, 6:41.
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Mi
hijo estudia con los hijos del presidente. Salimos a llevarlos. Yo voy con la
mujer del presi y uno de sus hijos en una gran limusina, en la que nos precede,
va el presidente con mi hijo y sus otros dos chicos.
El
colegio está situado en una colina de tierra roja. Aparcamos frente a la
entrada de la cueva. Allí había un asentamiento indígena. En la parte exterior
hay un salón grande, los muebles son bloques de tierra contorneados y
apisonados, hay sofás, sillones, estanterías, todos de un hermoso color rojizo,
traspasamos esta especie de recibidor y accedemos a otra sala donde los muebles
también están empotrados a las paredes de la cueva y allí ya encontramos restos
indígenas, calaveras, esqueletos hermosa y tenuemente iluminados dándole a la
cueva una atmósfera acogedora e íntima. Seguimos avanzando y las galerías se
suceden más o menos iguales, lo único que cambia es el número de muebles,
algunos tienen más que otros, incluso hay galerías totalmente vacías. Cuando
llegamos más o menos al centro de la colina, encontramos las aulas del saber,
las sillas y las pizarras se hayan dispuestas en forma de teatro en la entraña
misma de la cueva. Dejamos a los chicos allí, orgullosos de darles esa
educación y salimos por la parte de atrás. Avanzamos unos cuantos metros y
mientras ellos se suben a los coches yo volteo a mirar la colina, me siento
emocionada al contemplar que por ese lado la montaña forma una especie de
castillo, una fortaleza construida por la lenta labor del tiempo, el edificio
termina en una torre a la que no se le pude ver la cúpula pues ésta se hunde en
la barriga de las nubes.
Tengo que capturar esa imagen en mi moderna lupa de
cristal para que no se esfume.
Por: Selvática
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Publicado el 17 de Mayo, 2008, 8:00.
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Voy
a dormir en la casa de unos amigos. Una enorme casa de campo. Pequeñas colinas
interrumpen el horizonte de un día gris.
Nos
han asignado una enorme cama para tres. Me cubro con la manta. Busco el calor en los cuerpos de mis hermanas. Cuando me siento relajada algo se desliza
sobre mi vientre. Me pongo rígida, miro hacía mis piernas y a la altura de las
rodillas emerge la cabeza de una serpiente moviéndose sinuosamente mientras
asoma y oculta su larga lengua bífida.
El
terror me paraliza. Mis hermanas me tranquilizan: esas serpientes no son
venenosas. Es cuestión de acostumbrarse.
Yo
no puedo fingir que eso no se desliza por mi cuerpo, pero intento ignorarla.
Cierro los ojos, al cabo de un rato, cuando los vuelvo a abrir veo que mi
cuerpo está totalmente cubierto de diminutas serpientes cascabel, han nacido
sobre mí millones de ellas.
Mi
hermana para calmarme me acerca el teléfono, llamamos al médico, mi madre dice
que no puede pagar el costo extra de que él venga a casa. El médico me contesta
y me dice que no pasa nada, que no le haga caso.
Yo
les hago un gesto de silencio con la
mano y me quedo totalmente rígida esperando que desaparezcan las serpientes.
Por: Selvática
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Publicado el 20 de Abril, 2008, 8:43.
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Es de madrugada. Voy a la cocina. Me muero por un café. Enciendo la luz. Sobre el mesón de la cocina, a la izquerda, hay dos serpientes muy gruesas. Me paralizo. No llamo a nadie. Las contemplo. Luego me doy vuelta, y sin darme cuenta las estoy triturando con el minipimer. De las serpientes sólo queda un líquido pastoso, pero sus dos cabezas se quedan adheridas al lateral de mi taza de café.
Por. Selvática
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Publicado el 5 de Abril, 2008, 12:52.
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Voy cruzando la plaza, ya desde lejos la catedral me
sorprende como siempre, y se impone a todo. Su altura desmesurada la pierde en
el cielo, y el vértigo surrealista no deja lugar para ninguna otra cosa. Pero
al fin la supero, encaminándome sin pensarlo hacia su derecha, y allí está. El
cruce de calles. La 51, la cincuenta y la diagonal. La niña camina ligera a
los saltitos hacia la 51, viene del centro, y se trepa a las rejas de la escuela
normal. También busca pichones en los fosos del costado de la catedral. Quiere
llegar a casa… pero no puede, así que tira y tira, y yo siento que me desgarro.
Mi niña, no puedo, ya no vivimos ahí… Y mi alma quiere seguir por la 51, quiere
llegar a 16, dar la vuelta y entrar. Encontrar a mi abuela esperándome con
chocolate caliente, a mi madre joven y llena de vida. Tira mi niña, tira
furiosa, desesperada. Le doy el gusto y camino hasta la esquina, pero mis pies
deformes no me permiten alargar más el paseo, así que la arranco de su vida y me
la llevo gritando. Llego a la cincuenta. Mi tierna adolescente viene de la
escuela, quiere doblar… y no quiere. No quiere porque allí hay un monstruo. Pero
a veces hay una prima, o una amiga, y sueños… una catarata desbordante de sueños
maravillosos. No, mi niña, ya tampoco vivimos ahí. La nostalgia me retuerece.
Y entonces asoma amenazante la vieja diagonal. La que mi niña recorría
extasiada por su tapizado de florcitas lilas, por su mansión extraña, única en
la ciudad… y por ese edificio amarillo. Cosa tan rara ese edificio... ¿Cómo será
vivir en el aire? Piensa, mientras observa gustosa sus pies llenos de lila.
Horrible, mi niña, es horrible. La diagonal me absorbe, me atrapa, la mansión
queda atrás y no hay lilas (y si las hay, yo no las veo) Mi cuerpo dolorido no
viene de ninguna parte, me lleva contra mi voluntad, me niego, mi alma se agarra
de los paraísos de la 51, de los tilos de la cincuenta, y ahí se queda aferrada.
Sin alma, me arrastro hasta el edificio amarillo. Me encorvo al trepar su
escalera. Una caja me traga, me digiere, y me escupe en un agujero en lo más
alto de la torre. Ya llegué, séptimo círculo del infierno…digo... séptimo piso.
Por: Nofret
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Publicado el 10 de Febrero, 2008, 6:46.
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Me han regalado un montón de ropa. Ropa de marca, deportiva,
elegante, el sueño de toda mujer. Un traje para cada minuto del día. Mis manos
febriles hurgan en esas montañas, sacan chaquetas, blusas, abrigos, hasta que
rescatan una falda compuesta de dos faldones, uno de seda bordada y otro de
terciopelo. Me las pruebo. Me gustan.
Siento la necesidad de bañarme, y ya estoy en un club o un
gimnasio, la bruma no me deja adivinar, recorro las diferentes estancias, unos
chiquillos se me acercan corriendo, están desnudos, los padres corren detrás de
ellos, a los que alcanzan les frotan el cuerpo para quitarles el cloro de la
piscina. Voy a entrar a ducharme en el baño de hombres, luego abandono la idea
y me voy al de las damas, finalmente entro al de los niños… pero con la mano en
la llave de la ducha no me decido… ¿y si descubren que ya no soy niña? Un
pordiosero me mira.
Por: Selvática
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Publicado el 6 de Enero, 2008, 14:12.
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Hay una escalera tendida como un puente entre los muros de un
museo.
Si se acciona un botón los peldaños se unen y forman una
plataforma colgante.
Se hizo esto para trasladar a un rico paralítico de un lado a otro.
Yo vi el esfuerzo reflejado en el rostro del guardia que lo transportaba en brazos. La silla de ruedas
era demasiado ancha para los peldaños.
Vi mi propio cuerpo levantando el del lisiado. Me caí para llamar
la atención, para que me ayudaran. Nadie lo hizo.
Por: Selvática
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Publicado el 30 de Diciembre, 2007, 16:56.
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Quiero estudiar medicina, entrar a la
facultad es lo único que me importa, es el sueño de toda mi vida. Aquí estoy en
un aula esperando para anotarme; es un aula horrible, vieja, oscura, pero estoy
exultante ¡por fin me voy a inscribir!
Un hombre llega, y nos dice que ese lugar
es sólo para informar, la inscripción es en… ¡mierda! No importa, nada me va a
detener. Empiezo a caminar, pero me doy cuenta de que es demasiado lejos.
Mientras camino, me hago amiga de un chico que también va a inscribirse.
Decidimos tomar un micro, no tenemos que esperarlo, llega en seguida. Vamos muy
contentos, el sol brilla, pero se oye un estruendo metálico y nos inclinamos.
El micro chocó. Nadie se hizo daño, pero la conductora tiene un ataque de
nervios y un policía se la lleva. Uf… Todos nos bajamos, el chico y yo seguimos
caminando. Por fin llegamos a una plaza, y nos encontramos en la ribera del
río. Hay que cruzarlo, la inscripción es del otro lado. El puente para cruzar
es de tierra, de un par de metros de ancho, y está frondosamente arbolado. Sin
dudarlo nos adentramos, pero es demasiado
frondoso, las copas de los árboles oscurecen todo, y se hacen cada vez
más bajas a medida que avanzamos. Ya tenemos que caminar agachados, y al final
en cuatro patas. Nos hicimos muy amigos con este chico, casi compinches, pero
cruzar el río lo empieza a alejar de mí. El agua está invadiendo la tierra, y
el puente se vuelve lodoso, ya es un pantano. Nos arrastramos, y las ramas de
los árboles nos oprimen contra el barro. El chico se rinde y se vuelve. No
importa, nada me va a detener, seguiré sola. El puente es una jungla, no puedo
ver la otra orilla, no veo ni un metro delante de mí, pero no debe estar muy
lejos. ¡Ajjjjj! ¡Qué asco! Un animal muerto, horriblemente hinchado, yace justo
en medio. Controlo la impresión que me produce y sigo arrastrándome. Pero más
animales aparecen, algunos están tan podridos que se les ven las tripas, otros
ya son casi esqueletos. Son tantos que es imposible esquivarlos, y tengo que
apoyar las manos en sus jugos putrefactos. Se me revuelve el estómago, pero
nada me detiene. Avanzo asqueada. El puente empieza a curvarse, y hay un claro
sin árboles, ya debo estar llegando. Por fin puedo ver el cielo, me asomo entre
los árboles que se volvieron enanos y echo una mirada: el puente sigue, y no
llegué ni a la mitad. Pero eso no es lo peor. Más adelante se convierte en un
riel de ferrocarril, por donde corre un agua verdosa y podrida que cae hacia
los lados. Hacer equilibrio sobre el puente chorreante me aterroriza, pero nada
me detiene… avanzo aterrada. No hay nada en el mundo que pueda detenerme… si no
fuera porque el puente se acaba en medio del río, en una inmunda cascada verde.
Miro descorazonada la catarata, no hay cómo seguir, es obvio. Me levanto, me
vuelvo y corro sobre el riel, sobre los animales muertos, bajo los árboles, y
en segundos estoy a salvo, fuera del puente. El descorazonamiento es
reemplazado por un alivio soleado, cristalino. Hay una pared blanca con una
canilla, de la que sale agua mineral. El chico está ahí, y me saluda con
alegría. Me arremango los pantalones, tiro los zapatos y me lavo las piernas en
el agua fresca, veo cómo toda la podredumbre verde se despega de mi piel, veo
mis piernas blanquearse. Pocas veces me sentí tan aliviada.
Qué pena que sólo fue un sueño. Qué pena
que en realidad no me volví, seguí el riel y acabé cayendo por la catarata de
podredumbre. Qué pena que despierta sea tan idiota.
Por: Nofret
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Publicado el 2 de Diciembre, 2007, 14:45.
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Tengo
una caja de ciruelas para vender a la orilla del camino. Les quito la piel con
los dientes y saboreo el ácido de su pulpa con mucho placer.
Luego las vendo. Sigo a la gente que me las compra hasta que las muerden. Saben
a mi, por eso me las compran.
Por: Selvática
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Publicado el 28 de Septiembre, 2007, 12:11.
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Abro la caja de música que me encontré una madrugada...
MB baila con una mujer fea. él es hermoso, tiene ritmo, sus movimientos son muy sensuales. Ella en cambio baila mal, se mueve torpemente.
Yo siento envidia, quisiera ser yo la que baile con MB, yo si que sabría seguir todos sus movimientos, pero él no me ve.
Mi marido toca en la puerta. Yo escondo rápidamente la caja debajo de la cama, ella es la prueba de que una madrugada...
Por: Selvática
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Publicado el 8 de Septiembre, 2007, 12:18.
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No
se puede tener escalofrío sin
una mano rozando la piel. No
se pueden pisar las baldosas de la calle si
no resuenan otros pasos al unísono. No
se puede caminar entre la gente sin
olerla, ni
llegar a casa ni
acostarse ni
arrugar la sábana si
la poesía no duerme contigo.
El
poeta calla.
Por. Selvática
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Publicado el 18 de Agosto, 2007, 11:32.
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María
calcula el infinito espacio que hay entre el lugar donde está y el sitio a
donde debe saltar para alcanzar el cielo. Lanza la piedra aplanada que escogió
con mucho cuidado para jugar a la rayuela, la acaricia como dándole la orden de
respetar los límites establecidos dentro de las reglas del juego. La lanza y
contempla con gozo como ésta le obedece y cae justo en el recuadro del cielo.
Ahora es el momento decisivo, lanza su cuerpo al aire y sus piernas temblorosas
caen justo un centímetro antes del borde. Un descuido y habría perdido.
María
se pregunta cómo llegó a sus manos esa piedra plana mientras intenta secar las
lágrimas ante la tumba de su amor.
Por: Selvática
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Publicado el 4 de Agosto, 2007, 19:43.
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Aparece un ratón cerca de donde estoy sentada. Es negro, mediano. Me produce asco. Alguien se acerca y le da con un palo, a mi se me pasa la nausea. Descanso. Luego el ratón se crece, sus ojos me miran fijamente, brillan de ironía. Se va por otro agujero. Una multitud lo persigue, lo apalea, la sangre salta me salpica, pedazos de su cuerpo crecen, se multiplican... Yo pienso que es inútil, jamás podremos vencerlos.
Por: Selvática
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Publicado el 14 de Julio, 2007, 10:18.
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Voy por la calle en que nací, rodeando la catedral. Es de
noche, ya se prendieron las luces y un viento de lluvia silba y sacude las
copas de los árboles. Cuando llego al frente de la iglesia, me encuentro con
una escena horrible: cientos de palomas colipavas blancas tapizan la vereda,
ensangrentadas y agonizantes. Quisiera ayudarlas, pero son demasiadas y no sé
qué hacer. Cruzo la calle y me encuentro en la plaza; hay una ronda de gente
sentada en el piso, están escuchando a un hombre que lleva una túnica y se
parece un poco a Jesús. El hombre me
hace señas para que me acerque, y me siento con ellos. Dice que las cosas
pueden verse bien por fuera, pero estar podridas por dentro, me recuerda los
sermones de mi escuela. Mientras habla, toma una sandía lustrosa, y la parte al
medio con un machete. Apenas la fruta se abre, miles de hormigas gigantes
brotan de su interior, parecen multiplicarse a medida que van saliendo, y se
diseminan por toda la plaza. Cruzan la calle en hordas, atacan a las palomas
moribundas y se las comen. Entonces lo sé: es el fin, el Apocalipsis. Me
refugio en la catedral aunque, por dentro, es la capilla de mi escuela. Están
dando una misa, y me quedo quieta en un banco sin hacer ruido. Me siento a
salvo, hasta que un hombre de la primera fila se levanta de golpe, toma un
candelabro y le parte la cabeza a una anciana con violencia animal. En cuestión
de segundos, la gente se divide en dos bandos: los locos y los cuerdos, y se
trenzan en una batalla feroz. Se desata un caos, vuelan cosas por todas partes,
muchos caen entre los bancos, fulminados. Sé que esto está pasando en todo el
planeta. Yo estoy con los cuerdos, y peleo por mi vida. Recurro a mis viejas
clases de taekwondo, y también uso un candelabro. Pero mi grupo va menguando
rápidamente, al tiempo que el bando enemigo crece: los cuerdos se transforman
en psicópatas asesinos y se pasan al otro lado. Nos rodean, el ataque es
despiadado. No podremos resistir mucho, sé que es una lucha estéril, pero no me
resigno y sigo peleando. Ya casi todos los míos se pasaron al otro bando, o
están muertos. Siento mi propia muerte inminente. Duele, duele mucho dejar la
vida, la pena me desgarra. Lucho con todas mis fuerzas, aunque es sólo por
furia, por impotencia, no puedo ganar,
me quedé sola. Sólo mi madre está a mi lado, muy joven y vestida con la ropa
que usaba cuando yo era niña. No pelea, sólo llora. Nunca antes se lo dije,
pero me sale del alma: “Te quiero mucho, mamita”. Es lo último que digo.
Por: Nofret
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Publicado el 8 de Julio, 2007, 12:40.
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Ante mis ojos aparece la playa cortada en dos pedazos muy bien definidos: Uno cálido, soleado, la arena quema y arde en la planta de los pies, asfixia; el otro está en penumbra, es tibio, grato y alli el amor aguarda por mí.
Por: Selvática
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Publicado el 30 de Junio, 2007, 12:59.
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Debo enviar unas cartas a la luna. Las termino. Hablo con el mensajero. Le pregunto cómo lo hará Él se ríe de mi. Se queda callado mirándome. Soy un bicho raro. Sigue el procedimiento Yo lo veo y me decepciono. No es bueno ser tan romántica.
Por: Selvática
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Publicado el 24 de Junio, 2007, 4:29.
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Estoy acostada. Pasa una sombra negra por el suelo. Se acerca a un agujero pequeño que hay en la pared. A la altura de los patas de mi cama. La sombra es muy grande para ese agujero. Logra pasar. Me asusto. Mis pies caben perfectamente en el agujero que se tragó a la sombra. Aparece ahora una sombra gris. Va hacía el agujero. Ahora es un snaucer gris, es devorado por el agujero. Tengo miedo. Ese agujero come lo que sea. ¿Mis pies caben ahí?
Por: Selvática
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Publicado el 18 de Junio, 2007, 11:03.
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Es noche de navidad. No tengo con quien pasar la noche. Voy a casa de una señora pobre. Los pisos son de tierra. Las camas muy juntas.Tienen muchos hijos pero en casa quedan unos pocos. Las camas están muy juntas y no podemos pasar por entre ellas. No habrá cena de navidad. No hay bombillos de colores. No hay árbol de navidad, ni belén. Los niños más pequeños amasan vírgenes y ángeles de barro. Me acerco a ellos. Voy a ayudarles. Vamos a hacer un belén. Meto mis manos en el barro y hablo con ellos. Cuando los miro a los ojos, me doy cuenta que los niños son de plastilina, delgados, frágiles. Los tomo con cuidado y los coloco en la palma de mi mano. Se convierten en arañas. En la casa ya no hay nadie. Llamo a una tia, a una prima, nadie me responde. Salgo a la calle. Desolación, miedo a la calle vacía. Aprieto mi bolso, que es un cartón de Ariel de 5 kilos. Me siento a salvo.
Por: Selvática
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Publicado el 11 de Junio, 2007, 11:45.
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Debo irme. Salir de este sitio. Le gusto a ese hombre. Sé que le gusta mi manera de ser. Mi imagen. Pero no hay contacto, su piel jamás tocó la mia. Llueve. Debo irme. Tomar el autobus, caminar en el frio. Sé que no quiere que me vaya, pero no me retiene. Sólo mira. En sus ojos veo la sombra de un hombre y una mujer, que soy yo y es él. Un hombre y una mujer reflejados en el espacio infinito de su pupila Fuera llueve y el mundo es malo.
Por: Selvática
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